Capítulo 10: La Ley de la Selva

La Ley de los Animales


En la que descubro el punto de vista de los animales salvajes y hago amistades con ellos.

X) La Ley de la Selva


-¡Atención! ¡Atención todo el mundo! ¡Reunión General! –grité, mientras golpeaba los barrotes de mi celda con un palo en forma de mazo que había encontrado en ella.

-¡Aloha! ¡Qué ocurre? -dijo un pequeño ‘I’Iwi mientras se desperezaba.

-¿Qué qué ocurre? ¡He encontrado la manera de salir de aquí! -contesté emocionado.

-¿Qué qué? ¡Bah! -dijo un Koala que se acababa de despertar gracias a los gritos del ‘I’Iwi, aunque según éste último, la culpa había sido mía.

Todos siguieron al koala echándome en cara haberles despertado con un gran resoplido.

-¡No, no, esperad! ¿Es que no queréis salir de aquí?

-¡Por supuesto que sí! -exclamó un extraño animal de color marrón, pero con las patas y el trasero parecidos al de una cebra.

-Pero es que no estamos dispuestos a cometer una locura. ¿Cómo vamos a poder salir de aquí? ¡El que desobedezca las órdenes de Johny Quebrantapiedras será castigado! ¡Yo soy madre, soy Mamá Opaki, y sé de estas cosas! ¡No estoy dispuesta a perder a mi hijito por la insensatez de un cachorro de perro! La Ley de los Animales es ser libres, creer volar igual que el águila, y correr aventuras sin que nadie nos detenga. Pero los humanos han llegado demasiado lejos, han destruido la naturaleza, nuestro mundo, y, por si no fuera poco, nos han prohibido la libertad, nos han encarcelado… Y se alimentan de nosotros como salvajes. Pero es inútil luchar contra ellos, solo nos serviría para hacernos más daño a nosotros mismos.

-¡Cierto! -corearon los demás- ¡Así que déjanos en paz, paticorto!

Eso me dolió mucho, muchísimo. Así que decidí callar. Pero entonces, Balto ladró furioso:

-¡Diablos, por la Pata Torcida, si él es un paticorto vosotros sois unos estúpidos incrédulos! ¿Habéis perdido acaso la fe? Tal vez su idea no solo sirva para escapar, sino para que los que estén condenados se puedan librar del castigo a tiempo. Esta mañana, a mí me pegarán diez latigazos, y quiero escuchar a este perro, ¡que nos puede salvar a todos! ¿Qué decís ahora, escépticos animales?

Todos quedaron en silencio.

-Habla ahora, Yogui -me dijo Balto.

-Está bien. El plan que he tramado, nos sacará de aquí a todos sin excepción, pero necesito también que colaboréis, todos sin excepción.

-Bueno, te escuchamos -dijo una impaciente ardilla de color ocre.

-Tú, ¿cómo te llamas? -señalé a un gran erizo africano que estaba a tres cajas lejos de mí.

-¿Yo? Yo soy el Sr Cornelius Brochettes, un Noble Erinaceinae Africano francés por parte de madre. El Rey Chunky de la Selva, me nombró en su día Gran Duque de la Jungla. De eso hace ya mucho tiempo.

-Bien. ¡Fantástico! -dije yo- Bueno, a ti ya te conozco, tú eres el Señor Mende -miré a una pequeña caja apartada del resto- Y… bueno… ¿Y tú? -señalé a una atolondrada serpiente que estaba a mi derecha, dos cajas lejos de mí.

-¿Yo? -dijo melancólica- Yo soy la Sra Ki-Natacha Snake. Pero soy muy gorda y torpe… No sirvo para nada… Buaaa -y se echó a llorar.

-No, no llore, Señora. Por favor… -le rogué.

-Pasa de ella -dijo una liebre muy cotilla que estaba arriba de mí, una caja a la izquierda -Es anoréxica.

Yo no sabía muy bien lo que era eso, así que no supe que contestar. Pero de repente, una desconfiada comadreja gritó:

-¿Y a qué viene todo esto, pequeño cachorro de perro? ¿Crees que vamos a escapar con preguntar los nombres de tres individuos? ¡No voy a escuchar a un perro que va de listillo y nos quiere hacer creer que hay esperanzas de salvarse? ¡Solo haces que se creen falsas expectativas! ¿Quién quiere escuchar a un can de tres al cuarto? ¿Quién?

-¡Yo! -gritó una voz.

Todas las miradas se centraron en la celda que había debajo de mí, la celda que ocupaba mi querida amiga Lazzie. Ella prosiguió:

-Y creo que vosotros deberías hacer lo mismo. Estamos atrapados, enjaulados, y pronto nos matarán. Y en vez de ser tolerantes y buenos con nuestros congéneres, que están en la misma situación que nosotros, no lo olvidéis, sois egoístas, y ni siquiera intentáis hacer el esfuerzo de escuchar, a un compañero que tiene el deseo de ayudaros a todos para sacaros de aquí:

-¡Eso no es cierto! ¡Él no está en la misma situación que nosotros! ¡Es el favorito de Johny Quebrantapiedras! ¡Ayer mismo se lo llevó a cenar con él!

-Sí que lo estoy. Si no consigo escapar antes, hoy, al amanecer, unos hombres me molerán a palos y me harán una cicatriz con fuego al rojo vivo. Así me lo hizo saber el millonario loco.

-Yogui, ¿por qué no me lo dijiste? -gritó asombrado Balto.

Pero él no era el único asombrado. Todos los animales que allí había se habían quedado contemplándome con compasión, y todos, incluso la comadreja, esperaban que comenzase a relatar mi plan.

Yo sonreí, y asentí complacido.

Bien, antes de que os cuente mi plan, necesito que me expliquéis quienes sois cada uno. Porque en el plan, todos habremos de actuar como compadres que somos.

Así que, todos se pusieron felices a decirme sus nombres, y a conocerse los unos a los otros.

Recuerdo que, el caballo que había visto esa misma noche en la corrida, también se presentó.

-Yo soy Crinés Rinés de Inés, y espero serte útil en tu plan.

-¡Por supuesto que lo serás! -exclamé.

Pasadas unas horas, todos terminaron de presentarse. Pero entonces me di cuenta, de que no era así. Me fijé en una caja, también apartada del resto, que estaba en la esquina de la sala.

-¿Y él? ¿Quién es? -pregunté.

-¿Él? -dijo la liebre cotilla- Él es un mono de volcán.

-¿Un mono de volcán? ¿Qué quieres decir con eso?

-Es un macaco de cara roja. Estos monos solo se crían en Japón, y hay muy pocos. Son muy difíciles de capturar. Viven en los Grandes Volcanes del País de los Akitas. Pero están locos de atar. No te acerques a ellos, chico. Son muy peligrosos y agresivos. Y además, sufren esquizofrenia.

-¿Esquizofrenia? ¿Qué manía tenía aquella liebre por los nombres raros? De todos modos, fuese lo que fuese lo que aquello significaba, sentí pena por el pobre mono, y pensé que lo estaban discriminando injustamente.

-Bueno, y ahora que ya nos hemos presentado todos debidamente… ¿Cuál es tu plan?

-De acuerdo. Os lo explicaré. Pero antes, he de dar las gracias a Lazzie, pues su intento, aunque fallido, para conseguir escapar, me ha inspirado para crear un nuevo plan que espero que sí funcione.

Lazzie me sonrió.

-Bueno. Veréis. Como veis, esta sala se comunica con una pequeña estancia, donde están los matones de Johny Quebrantapiedras, vigilando que no nos escapemos. He podido darme cuenta, que en la estancia donde se encuentran, hay varios botones, que manejan la mansión.

-¿Qué quieres decir? -dijo la liebre cotilla.

-Quiero decir, que los botones, pueden hacer que salga agua del techo en caso de incendio, que suene la alarma, ese ruido infernal que vosotros conoceréis, en caso de robo, y, que se abran automáticamente las jaulas en las que estamos encerrados.

Una oscura figura me observaba silenciosamente mientras yo hablaba, pero por aquel entonces, no me di cuenta.

-¿Entendéis ahora a qué me refiero?

-¡Sí! -exclamaron todos.

-Pero… -dijo la liebre- ¿Cómo podremos llegar hasta allí?

-La Sra Ki-Natacha Snake, podrá traspasar los barrotes, y tocar el botón, que nos abrirá las puertas, pero para eso, hay que alejar a los guardianes.

-¿Y qué harás? -dijo la liebre.

-Eso también está previsto. El Sr Brochettes…

-¿Yo?

-Sí, usted. Cuando la Sra Ki-Natacha salga de su jaula, le abrirá la puerta con su lengua bífida, que servirá de palanca. Ella se ocultará y usted comenzará a gritar. Los guardianes irán tras usted, pero no le podrán coger, pues está lleno de púas. Por lo tanto, su misión es entretenerlos un buen rato. ¿Podrá hacerlo?

-Bueno…

-Lo demás, será hueso roído. La Señora Ki-Natacha nos abrirá las puertas con el botón de salida, y el Señor Mende nos conducirá a todos nosotros hasta la salida. Todos juntos somos muy fuertes. ¡Ni las legiones más fuertes de Johny Quebrantapiedras podrán detenernos!

-¡¡¡Bien!!! -exclamaron todos.

-Yo no estoy de acuerdo -dijo de pronto la desconfiada comadreja- ¡Es un plan demasiado alocado y pretencioso! ¡Demasiado imaginario! ¿Os imagináis lo que sucedería si algo sale mal? ¿Lo que nos haría Johny Quebrantapiedras?

Pero yo no estaba dispuesto a aguantar por mucho más tiempo a aquella estúpida comadreja.

-¿Qué qué pasaría? ¡Yo os diré lo que pasaría! ¡Qué lucharíamos! ¡Y le demostraríamos a Johny Quebrantapiedras y a todos los humanos quienes somos nosotros, los animales! ¡Qué no nos tomen más como juguetes! ¡Somos seres vivos y tenemos tanto o más derecho a vivir libres que ellos! ¡Por lo tanto, propongo que pongamos en marcha el plan y que hagamos que esta noticia, aparezca en los titulares de los periódicos en primera página! ¡Hagamos que los humanos se enteren de una vez por todas de nuestra fuerza…! ¡Recuperemos nuestra libertad, y hagamos caso de nuestra ley! ¡La Ley de los Animales! ¡Ser libres, creer volar igual que el águila, y correr aventuras sin que nadie nos detenga…!

Todos gritamos:

-¡¡¡Bravo!!! -corearon todos.

Yo me sonrojé. Pero dije:

-¿Preparados para poner en marcha ese plan?

CONTINUARA….

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