Capítulo 13: Persecución por Japón y Monos “Equizorrénicos”

Una alocada persecución

¡…Y llega la décimo tercera entrega…! ¿Casi nada, eh…? En este capítulo, que espero que os guste y os divierta, realizaré, junto con Balto, Lazzie, y un nuevo recluta para la pandilla, Crinés Rinés de Inés, el amigable caballo de la Corrida de Perros de Johny Quebrantapiedras, una alocada persecución por el zoológico, en el que nos disponemos a liberar también a todos los animales prisioneros, perseguidos por los malvados pero torpes Yakuza del Millonario Loco.

XIII) Persecución por Japón, y monos “equizorrénicos”

-¡Monóru! ¡Contrólate! ¡No te dejes dominar por esas supersticiones!

Los ojos de Monóru, se pusieron rojos, comenzó a dar estridentes gritos, y tomó la postura de una bestia salvaje. Se arrancaba el pelo, y se golpeaba el pecho… Se revolcaba por el suelo. Sus dedos se convirtieron en garras, ¡y sus dientes en afilados colmillos!

-¡Monóru! ¡Por favor!

-¡Huiiiiiiid!-gritó con furia.

-Vamos, Yogui, Lazzie, ¡corred!-exclamó Balto.

-Pero… no podemos dejarlo así…-dije visiblemente preocupado.

Pero Balto no nos dio tiempo a quejarnos, ni a Lazzie ni a mí. Nos cogió por el cuello, y empezó a correr velozmente.

¡Pero! ¡Horror…! Monóru, no había podido controlarse, y corrió a perseguirnos sanguinariamente, sin poder evitarlo.

Balto corría como podía.

Pero Monóru, era un ágil simio, y saltaba de Palos de Luz en Palos de Luz (O “Farolas”), y de vez en cuando, intentaba tirarse sobre nosotros.

La gente que por allí pasaba, era inevitablemente empujada por Balto, y éstos se quedaban muy sorprendidos, al mirar al cielo, dónde había un mono salvaje saltando de tejado en tejado.

Llevábamos un buen rato corriendo en línea recta, por las calles principales de la ciudad.

Entonces, el mono chocó contra un aparato de esos que emite colores (“Semáforo”) y se quedó inconsciente. Balto frenó en seco. Se quedó un tiempo parado, y después, dijo:

-¡Rápido, por aquí!

-Pero hay que ir a ayudarle-dije.

-Nada de eso. ¿No supones lo que hará cuando se despierte?-me contestó Lazzie por Balto.

En vez de seguir en línea recta, giramos a la derecha, por un pequeño callejón, muy estrecho, en el que Monóru no podría columpiarse por los tejados y los Palos de Luz, ya que no había nada.

Estuvimos unos minutos corriendo por el callejón, cuando nos dimos cuenta de que no era necesario; nadie nos seguía.

-¡Hay que ir a ver a Monóru! ¡Igual le ha pasado algo grave! ¡Y si no venís conmigo, iré yo solo!-seguí en mi cabezonería.

-¡¡Ni hablar!!-dijeron Lazzie y Balto a la vez.

Yo bajé la cabeza. Al menos me alegraba de que los dos conectasen.

Pero, de pronto, un alarido se oyó, y unos ligeros pasos se empezaron a oír, rodeados de silencio.

-¡Oh, no! ¡Hay que darse prisa! ¡Ya viene!-dijo Balto.

Nos volvió a coger por el cuello, y volvió a correr.

Pero de nada le sirvió. Ya se notaba como una sombra se acercaba rápidamente.

Pero Balto, siguió corriendo. Hasta que se dio cuenta, de que aquello era un callejón sin salida.

Nos paramos frente a un contenedor de basura, el cual no sé qué pintaba ahí, pero allí estaba.

Ahora Monóru se acercaba despacio. Nos miraba relamiéndose.

Balto nos protegió detrás de sí.

Monóru, cogió carrerilla, ¡y se lanzó contra Balto!

-¡Al suelo!-gritó Lazzie.

Y, en un instante, hizo que Balto y yo nos tiráramos al suelo igual que ella.

Monóru había pegado un gran salto para abalanzarse sobre Balto. Ahora, sin poder hacer nada, ¡se metió en el contenedor de basura! Lazzie cerró la tapa en ese mismo momento.

Se oyeron gritos dentro del cubo, pero ya no podía salir. Estaba atrapado entre todos aquellos residuos.

Balto y yo le dimos las gracias a Lazzie, y le sonreímos. ¡Nos había salvado la vida! Bueno, al menos a mí. (Balto está semi-muerto).

Los tres comenzamos a andar a paso ligero, saliendo de aquel putrefacto callejón de basurero.

Llegamos a la calle.

Caminamos juntos, conversando amenamente, como buenos amigos.

Pero, yo me fijé en la gente de Japón, que seguía mirándonos y sonriéndonos.

Me di cuenta de que también había humanos desgraciados y pobres.

Encontramos a tres o cuatro, tirados en las aceras. Uno de ellos estaba a punto de morir.

Me dio una gran lástima. Ya no sabía si creer lo que me había dicho Balto, cuya opinión, como recordaréis, era bastante positiva sobre las personas, o si creer a Lazzie, que trataba a los humanos de “Seres Salvajes sin escrúpulos”.

Nos detuvimos frente a un pequeño bar. Allí había algunos alimentos desperdigados por el suelo. Nos dedicamos a comer las migajas que encontramos. Algunas personas que allí estaban, nos daban de comer a la boca, sobre todo a mí, porque soy muy guapo (No es por presumir) y a Lazzie. Aunque, en realidad, ella nunca aceptó la comida que le quisieron dar. No se fiaba de ellos.

Pero, entonces, ¡vimos llegar a uno de los Yakuza de Quebrantapiedras! Pero eso no era lo peor, ¡traía a Crinés Rinés consigo!

Balto nos ordenó que nos escondiéramos tras un muro. Pero, cuando levanté la vista, ¿a que no adivináis lo que encontré? Un cartel en la pared, sobre Johny Quebrantapiedras. Era como una pesadilla, como si me persiguiera.

Tenía una foto del malvado. Pero no parecía el mismo. Tenía aspecto débil y desganado.

-¿Alguien de aquí sabe leer humano?-dije yo, aún sabiendo que es una pregunta que no tiene respuesta.

Pero, a pesar de aquel pequeño imprevisto del Yakuza, la suerte vino hacia nosotros esta vez, pues una pareja con un bebé en un carrito de coche, se acercó casualmente a leer el cartel en voz alta. La mujer habló:

-“Se cancela la Conferencia Pequeño Corazón Animal, por el estado grave de su productor, el Danshaku Juan Isaac de la Torre*, popularmente conocido como “El español Johny Quebrantapiedras”. Su mansión se ha derrumbado por causas desconocidas, y ninguno de los animales que estaba entrenando ha sobrevivido. Nuestro querido protector de animales está en condiciones pésimas, y no se sabe si sobrevivirá”.
La señora añadió:

-¡Caramba, pobrecito! Siempre me ha caído muy bien. ¡Una gran persona! ¡Qué lástima que estas cosas pasen!-y se alejó junto con su familia.

*Danshaku: Título Nobiliario Japonés equivalente a “Barón”, perteneciente al Kazoku,  hereditario del Imperio Japonés que se mantuvo entre 1869 y 1947.

-¿Querido protector de animales? ¿Ningún animal ha sobrevivido?-Balto rechinó los dientes.

-¡Todo lo que la prensa y los malditos humanos se inventan!-dijo ofendida Lazzie.

-¡Lógico! ¡Él no podía dejar que nadie se enterara de lo que había ocurrido en realidad! ¡Que un “Puñado de animales” se rebelaran contra él! ¡Y tampoco podía permitir que descubriesen que en realidad es un furtivo!-dije indignado.

-¡Y por ello, seguro que ese mafioso, ha mandado a todos esos Yakuza, que trabajan para él para realizar actos viles y propios de ladrones, aunque nadie lo sabe, a capturar a todos y cada uno de los animales que se hayan escapado, para que así la gente no descubra la verdad! ¡Habrá que tener los ojos bien abiertos!-dijo Balto.

-¡Al menos ahora ese sinvergüenza irá adónde tiene que ir!

-¡No tardará en morir!-añadió Lazzie.

-¡Ey! ¡Ey!-gritó una voz.

Salimos cautelosamente del muro.

Crinés Rinés de Inés nos llamaba.

-¡Ey! ¿Es que no vais a ayudarme? ¡Yo os auxilié una vez! ¿Lo recordáis?

-¿Qué hacemos, Balto?-pregunté.

-¡Si te ayudamos, nos capturarán también a nosotros!

-Ya… Pero, ¿no vale la pena intentar devolverme el favor? También a mí me pudieron haber pillado, cuando os ayudé a escapar… Por cierto. Para que podáis dormir tranquilos. He leído ese cartel. Es una farsa. Todos los cautivos han conseguido escapar de la mansión. La ONG “Animales en Acción” los está transportando secretamente a todos a sus casas. No hay de qué preocuparse. Y ahora, para agradecerme dicha información… ¿por qué no me ayudáis?

El matón lo sujetaba firmemente por las riendas. A pesar de estar encima de él, no se había dado cuenta de qué estábamos allí, pues estaba tomando algo alegremente en la “Barra del Bar”.

Balto, después de observar la situación con detenimiento, dijo:

-Está bien. Está bien. Te ayudaremos.

Y, de pronto, pegó un ladrido tan descomunal que hizo, literalmente, caerse al Yakuza del caballo, y mancharse todo su oscuro traje, su bombín, e incluso sus gafas negras, de sake del bueno, cosecha del 97.

-¡Muchísimas gracias!-dijo Crinés, y todos juntos comenzamos a correr.

El matón, se levantó rápidamente, y telefoneó a alguien dando gritos. Al parecer se había dado cuenta de quiénes éramos, y de qué entre los animales estaba yo, el predilecto de Quebrantapiedras.

Enseguida apareció otro matón, ataviado igual que el primero, montado en una vieja mula, que apenas podía andar.

Nosotros ya nos alejábamos.

El matón Nº 1, tiró al Yakuza Nº 2 de la mula, y juntos, desaparecieron por una callejuela.

-¡Uf! Ha faltado poco-dijo Crinés.

-¡Y aún falta máááás!-grité, al ver aparecer por otra callejuela, un lujoso coche negro, que corría a toda pastilla hacia nosotros. Dos hombres lo pilotaban, riéndose sin parar.

Los cuatro, volvimos a correr, esta vez más que nunca.

El coche iba demasiado deprisa.

Corríamos por la calle, ladrando desesperados, sin parar. Las personas, esta vez, no solo tenían que dejarnos paso a nosotros, ¡sino al coche!

Nos metimos en un mercadillo, con la esperanza de que aquella máquina diabólica se detuviera, pero no tuvimos esa suerte.

El coche no se detenía. La gente se tenía que tirar al suelo para dejarle paso. Todos lanzaban por el aire los bolsos y bolsas con comida o cosas compradas allí, debido al susto.

Pero aquel automóvil, se llevaba por delante los tenderetes, y puestos del mercadillo.

En unos segundos, allí todo era alboroto, desastre y desorden. ¡Las personas pegaban gritos y lanzaban la ropa que habían comprado contra las paredes!

Sin embargo, el coche, aunque a la fuerza, consiguió pasar sin detenerse.

Nos estaba alcanzando.

Decidimos dar vueltas a una gran fuente. El coche nos perseguía sin parar un instante. Pero, debido a su rapidez, se desvió, y chocó contra una enorme verja que había frente a la fuente, consiguiendo derribar a la primera. Parecía que el coche se había estropeado.

Aprovechamos el disturbio, y entramos al recinto que protegía las ahora caídas rejas.

Al entrar, ¡¿qué nos encontramos?! ¡Pues un gigantesco zoológico! Los habitantes nos miraban extasiados. No acostumbraban a ver a congéneres suyos en libertad.

Pero aquella tranquilidad duró poco. El coche cogió impulso, y volvió a correr como un loco, a pesar de que los Guardias del Zoo le ordenaban que frenase.

Todos empezamos a correr de nuevo, como si aquello fuera una estampida.

Los visitantes también tenían que abrir paso al auto.

Los Yakuza, abrieron las ventanillas, ¡y sacaron, pistolas con dardos tranquilizantes para adormecernos! Empezaron a disparar sin ni siquiera observar a quien apuntaban.

Gritaban histéricos palabras que no logré descifrar:

-話して。/なんなの?/どうぞ。 、笑さあ!あなたは彼らに与えなければならない!
-あなたは、あなたは最善を尽くして放つください!
-それは何を誰がそれをしない問題ありません*

*-¡Dispara! ¡Venga, tú puedes!

-¡Tú apuntas mejor!

-¡Nada de eso! ¡Dispara ya, ja ja ja!

Pero el no apuntar, les traería serios problemas.

El Yakuza Nº 2, disparó de tal forma, que le dio a una pobre señora que estaba dando de comer a las palomas.

-ばか!*-le dijo el Yakuza Nº 1 despreciativo.

*¡Idiota!

Así que se bajó del coche, a pedirle amablemente disculpas a la buena señora:

-申し訳ありませんが、奥様!すみません!これは私のアシスタントのぎこちなさが原因です。本当に! *-y hasta se quitó cortésmente el bombín.

*¡Disculpe, Señora! ¡Todo esto es culpa de mi torpe ayudante! ¡No era mi intención…!

Sin embargo, la única respuesta que recibió fue un bolsazo de parte de la anciana, antes de que cayese grogui al banco.

El Yakuza se volvió a subir al coche, y continuó la alocada persecución. Aunque los matones, decidieron seguir disparando. No aprendieron la lección.

Todos corríamos como podíamos. El coche ya parecía que nos iba a pisar las patas. Pero, a mí, se me ocurrió una gran idea.

-¡Código Animal! ¡Código Animal!-¿Os acordáis de lo que era, verdad?

Balto, Lazzie, y Crinés, me siguieron el juego. Todos juntos gritamos:

-¡Código Animal! ¡Código Animal!

Los animales que habitaban allí, repetían entre ellos “¡Código Animal! ¡Alguien ha dicho “Código Animal”!”

Las jirafas levantaban sus larguísimos cuellos por encima de las vallas, y decían “¡Código Animal!”

Los cocodrilos abrían sus grandes fauces y lo gritaban por todo lo alto.

Los guepardos corrían de un lado a otro de su celda para proclamarlo.

Nosotros seguimos gritando.

-¡¡¡Código Animal!!! “¡Todos somos iguales, nacimos iguales, vivimos iguales, y un día seremos parte de la naturaleza. Igual que tú, hermano!”.

-¡Es el Código Animal!-exclamaron todos los animales.

De pronto, empezaron a acudir bandadas de pelícanos cargados de agua por los aires.

Tiraron el agua por las ventanillas del coche, uno a uno. Los Yakuza querían hacer algo, pero no podían.

Los elefantes comenzaron sacaron su trompa por una reja, ¡y arrancaron una rueda del automóvil! A pesar de todo, éste se mantenía firme.

Pero los elefantes lanzaron la rueda contra el coche, como si de un frisbee se tratara, consiguiendo hacerle chocar.

Los rinocerontes golpearon sus jaulas hasta escapar, y se lanzaron contra los Yakuza. Éstos comenzaron a cerrar las ventanillas.

Los tucanes y pájaros carpinteros se metieron dentro del coche a picotear a los Yakuza.

Los pelícanos trajeron más agua de los acuarios, y la derramaron por el suelo para que el coche resbalara.

Las serpientes se enroscaron a uno de los Yakuza.

Los alces pegaron cornadas al coche, y los ciervos consiguieron desinflar una rueda.

Las mofetas desprendieron todo su olor dentro del coche.

Y los conejos japoneses hicieron muestra de sus conocimientos karatecas.

Los leones se dedicaron a obstruir el paso del vehículo.

Los tigres también entraron en el automóvil y “mordisquearon” a los Yakuza.

El problema fue, que con tanto lío, los matones dejaron de mirar por dónde iban, ¡y chocaron contra la prisión de los monos esquizofrénicos!

La puerta se derribó, ¡y todos los simios salieron de su celda!

Éstos, ahora que se sentían libres, comenzaron a destruir todo lo que había en el coche. Arañaron los asientos, arrancaron el volante y el freno, ¡y zarpearon los rostros de los Yakuza intentando matarlos!

Entonces, vi como otro macaco de cara roja, que aparecía de la nada, saltaba las verjas del zoológico, y se lanzaba también contra los Yakuza. Me sonrió mientras pasaba de largo. No me cabía duda. Era Monóru. Había aprendido a controlarse. Y esa era su manera de darme las gracias.

El Yakuza Nº 1 no aguantó más. No estaba dispuesto a que nos escapáramos. Volvió a colocar el volante, en su sitio, y, pese a las complicaciones, se lanzaron contra nosotros, intentando desprenderse a la vez de todos los animales.

Nosotros estábamos huyendo hacia la salida.

Los matones aceleraron al máximo.

Nos miraban vengativos.

¡Nos iban a alcanzar!

Pero, entonces, un bondadoso elefante arrancó un semáforo de la acera, alargando su trompa lo más que pudo, y lo puso en medio del camino de los matones.

Conseguí traducir su conversación:

-¡Está en rojo!-gritó el Yakuza Nº 1-¡Hay que pararse!-regañó al Yakuza Nº 2 por su mala conducta-¡Frena, frena!

-¡No puedo, no hay freno!

Así que, chocaron contra el semáforo, y el Yakuza Nº 1 salió disparado por los aires, yendo a caer, a la fuente que había frente al zoológico.

Desde luego, no salió del agua muy feliz, a pesar de que debió de ser un baño la mar de refrescante.

Pero nosotros ya nos habíamos alejado.

-¡Guau! ¡Ha sido genial!-dijo Crinés-¿Repetimos?

-Ni sueñes que voy a volver, a provocar a esos locos-dijo Balto muy enfadado.

Y yo, a pesar de que estaba de acuerdo con que había que repetir, no dije nada.

Caminando, nos encontramos de repente a tres camaleones frente a nosotros.

-¿Os habéis escapado del zoológico?-dijo Lazzie-Porque… ¿Qué puede hacer sino un camaleón aquí?

-Bueno… Somos de la ONG “Animales en Acción”. Sus representantes.

-¡¿¿En serio??!-exclamé.

-En serio… Y, bueno… Aquí tenemos el certificado que lo demuestra. Me extendió una carta.

-¡Encantado!-dije-Pero es que… yo no sé leer…

-¡Mentiroso!-dijo uno de los camaleones al que me había dado la carta-¡Eso es una carta que encontraste en el buzón de correos!

-¡No es cierto! ¿Osas contradecirle a tu superior?

-¡No, yo soy el jefe!-dijo el que había tachado de mentiroso al que me había entregado la carta.

-¡Qué va!-saltó el tercero, que aún no había dicho nada-¡Yo soy el jefe!

Y los tres se empezaron a pelear.

-¡Chicos, chicos!-dijo Lazzie-¿Qué queréis?

-Bueno… nosotros…-dijo el primero que había hablado antes-Nosotros queríamos comunicarles que el traslado de los animales secuestrados ha sido un éxito. Todos están de nuevo refugiados y calentitos en sus respectivos hogares. Y, de paso, queríamos felicitarles, por su magnífico trabajo. Por ello, queríamos condecorarles con la medalla de los que luchan por los animales-me entregó una tapa de una botella de Coca-Cola-Y queríamos decirles que ya son miembros de la ONG-hizo ademán de marcharse.

-Ah, sí-dijo el tercer camaleón-Y queríamos entregarles esto-los tres se alejaron.

En el suelo, habían dejado un periódico que parecía recién fabricado, frente a nosotros.

El segundo camaleón se dio la vuelta.

-Los titulares dicen… “¿Estamos ante una Rebelión Animal? Se descubre la verdad sobre la cancelación de “Pequeño Corazón Animal” y la destrucción del Palacio de Johny Quebrantapiedras. Se dan a conocer también sus verdaderos objetivos, y el maléfico trasfondo de la conferencia. Ahora, una nueva Rebelión, organizada por los mismos animales, tiene lugar en el Zoológico Petto. El farsante Johny Quebrantapiedras, fallece hoy a la 9:00, no por la intoxicación ni grandes quemaduras que ha sufrido, sino porque le da un infarto al enterarse de la revolución que se montó en Petto, y de que los animales se han vuelto a escapar. ¿Sus misteriosas últimas palabras? Aquí las transcribimos: “¡¡¡¡Tokobetsu Na!!!!””

Felicidades. Por si os preguntáis de dónde salen estos papeles, han sido robados de la fábrica por unos Hurones miembros de la ONG y de la Causa. Al parecer la noticia, ha causado mucho revuelo-añadió el camaleón antes de irse.

-¡Lo conseguimos, Lazzie!-dije yo.

-Bueno-dijo Balto-Ahora yo voy a irme a buscar un Cementerio de Perros, y encontrar la Ciudad Perdida.

-¡Yo te acompañaré!-dijo Crinés-¡Se dónde hay un cementerio!

-Muchas gracias.

-Nosotros también iremos-dijimos Lazzie y yo.

-¡No! ¡Es muy peligroso! Yogui, tu padre nos perseguirá para ver si encontramos algo, y si lo hacemos, te capturará. No podéis ir con nosotros.

-Lazzie y tú podéis ir a daros una vuelta por el parque que hay a dos manzanas-dijo Crinés.

-Exacto. Allí os encontraremos. ¿Todo ha quedado claro?-dijo Balto.

-Bueno. Está bien-dije yo.

Y ambos nos pusimos en marcha.

Una misteriosa figura se movió entre las sombras.

CONTINUARÁ…

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