Capítulo 14: Amor

Castrado y con nueva novia…


Vuelvo a las andadas. Aunque ahora que estoy castrado tengo que decir que soy un perro verdaderamente feliz, ya que no tengo que preocuparme por las chicas ni por hacer cosas con ellas. Pero una cosa es eso, y otra cosa es el amor. Y es que por Lazzie, no era “excitación” lo que sentía, sino amor, un gran amor, afecto y cariño. Un amor que no había sentido por nadie. Así que, perdonad por las cursilerías que voy a decir en este nuevo capítulo, pero esto es un diario, y lo que voy a contar, refleja a la perfección lo que sentí aquella encantadora noche.

Os dejo con…

XIV) Amor


La misteriosa figura dio media vuelta y se escondió entre los arbustos.

-Juraría haber visto algo-dijo Lazzie.

-¿Algo? No… Estooo… No, no. Yo… no he visto nada.

-¡Qué extraño!

-Bueno. Habrá que ir… caminando hacia el parque. ¿No? ¿O… prefieres… ir a otro sitio?

-No. No. Podemos perdernos, y a ver cómo nos organizamos para encontrar a Balto.

-Como… prefieras.

-Pues pongámonos en marcha.

Una sonrisa de satisfacción se representó en el rostro de la misteriosa figura.

Estaba anocheciendo, y la niebla cubría las calles de Odate, en Japón. Lazzie y yo, veíamos bien poco, y nos costaba caminar sin tropezar con alguna piel de plátano, o alguna cáscara de nuez, que los humanos habían desperdigado por ahí.

Las aceras estaban despobladas. Caminábamos solos, aunque, al menos a mí, me daba la impresión de que alguien nos seguía los pasos. Pero, caminar al lado de Lazzie, era más de lo que había soñado nunca, y hacía esfumarse a todos los temores y males que rondaban en mi pequeña mente.

Estuve pensando en ello durante casi una hora, hasta que, por fin, nos detuvimos ante un gran recinto repleto de prado y jardín. Desgraciadamente, estaba vallado, y un fornido guardia, vigilaba la entrada.

Un cartel indicaba: NO PERROS.

Y aunque entiendo todos los idiomas, no sé leer humano, y la señal siempre se ha representado con un perro haciendo sus necesidades y una raya diagonal tachándole.

Era algo así, pero con letra japonesa:

El guardia parecía no habernos visto, así que nos aproximamos, pero… ¡notó nuestra presencia!

-¡Ey, chuchos! ¡Venga, fuera! ¡Alejaos! ¡Rápido! Se prohíbe la entrada de perros, ¿o es que no lo veis aquí? ¿Eh?

Llevaba una enorme porra, a la que yo tenía miedo, y con ella señaló el cartel que antes tanta rabia me había dado.

Lazzie y yo, retrocedimos un poquito.

Entonces, noté como un elegante señor, vestido de etiqueta, se acercaba con su elegante mascota perruna: Un cursi caniche de pelo blanco, que andaba firme y coquetamente. Su dueño se dedicaba a pasar las hojas de un libro sobre cómo educar a los perros, y de vez en cuando, le soltaba a su mimado can, algún comentario, como si le fuese a contestar.

-¿Y ahora que vamos a hacer para entrar ahí?-me dijo Lazzie, mirando al señor de la porra.

Pero yo había estado todo el rato, reflexionando sobre el hombre elegante, así que le contesté:

-Tú… Espérate aquí… Creo… Creo que tengo algo.

Y me acerqué al guardián.

-¡Espera, Yogui, no! ¡¿Estás loco?!-me gritó ella.

-¡Eh! ¡Perro! ¿No te dije que te alejaras?-y me amenazó con su porra.

Acto seguido yo me tiré al suelo, y comencé a gemir lastimosamente.

El hombre elegante oyó los gemidos y se acercó corriendo.

Se agachó a verme:

-¡Oh, cielos! ¡¿Qué le ha hecho a ese pobrecito perrito?! ¡Está malherido!

-Yo… nada… Solo levanté un poco mi porra-dijo el guardia desconcertado.

-¡Los perros son muy sensibles!

-Pero, es que de alguna forma tenía que impedir que entrase en el parque, ¿o no?

-¡Asesino! Le ha asesinado-arrimó su oreja a mi pecho-¡No le late el corazón! ¡Oíd todos los que estéis por aquí! Este hombre que veis aquí, es un asesino de animales-comenzó a dar voces- Se dedica a hacer daños a canes inocentes con la excusa de que han quebrantado alguna norma.

-¡Oiga! ¿Quiere callar?-el guardia le tapó la boca-¡Deje de armar tanto alboroto, o seré yo el que le denuncie por escándalo público!

-¡Asesino!-siguió gritando.

-¡Oiga! Si tanto le interesa ese perro, ¿por qué no se lo lleva a su casa y le da un tazón de lechita caliente?

-¡Tiene dueño! ¿No ve que lleva collar?

-Pues llevéselo a su casa de verdad, pero a mí déjeme en paz.

-Eso es lo que haré-dijo muy convencido el hombre elegante.

-¡Pues al diablo!-e hizo un gesto grosero.

Pero, entonces, yo me levanté de un brinco, y, junto con Lazzie, pasamos por debajo de las piernas de los dos humanos, y conseguimos traspasar las vallas, metiéndonos por entre los barrotes.

-¿Lo ve? ¡Ha huido de usted! ¡Le tiene miedo! ¡Gracias a sus “delicadas” formas, se ha espantado, y ha reunido todas sus últimas fuerzas para escaparse!

-¡Sí! ¡Y un cuerno! Esos chuchos no tienen nada que ver conmigo, lo único que me interesa es que salgan ahora mismo del parque-y quiso penetrar en el parque.

-¡Usted lo que va a hacer es ir a comisaría y declarar que hay un perro desaparecido en el Parque Okina Ki, y voy a ir con usted, para asegurarme de que lo hará!

-¡Usted déjeme en paz! ¡Cogeré al perro y lo sacaré del parque! ¡Usted haga lo que quiera con los dos! ¡Pero a mí déjeme en paz!-pegó un resoplido-¡Odio los perros!

-¿Lo ven? ¡Ciudadanos de Odate! ¡Este hombre acaba de confesar que no le gustan los animales, y que por eso se dedica a torturarlos como actividad de ocio!

-¡Oiga! ¡Eso es mentira! ¡Baje el volumen! Y le diré que sí me gustan, y mucho, los animales. Los perros son otro cantar. No tergiverse las cosas, ni meta por medio a esos horribles animales piojosos.

-¡Ahhh! ¡Ha insultado a los mejores amigos del hombre! ¡Blasfemo!

Y el hombre elegante se tiró encima del guardián, y le empezó a dar librazos a diestro y siniestro. El caniche, mientras, animaba a su amo.

-¿Ya has robado ese periódico?

-Sí, Jack.

-¡Pues tráemelo de una vez!

-Aquí está.

-Gracias… ¡Genial! ¡El notición del siglo! Los animales organizan una revolución… Y… se busca, a dos inconscientes Yakuza, causantes de un gran revuelo y desorden en la ciudad de Odate, durante esta mañana. ¡Fantástico! Hoy hemos tenido un día de perros. Nunca mejor dicho. No solo sufrimos accidentes, se nos estropea el coche, una banda de simios nos ataca, y yo, me caigo a una fuente, sino que, después de que esos tres chuchos y ese maldito caballo, se nos escaparan, toda la policía de Odate se pone a perseguirnos. Y nosotros, tenemos que huir, a patita, como animales…

-Bueno, hay que mirar el lado positivo de todo.

-¡¿Y cuál es?!

-Le he robado la cartera a un guardia del Zoo, con el coche en marcha.

-¡Déjame verla! ¡Oh, pero si le has hecho un agujero, con tu maldita navaja! ¡Se ha caído todo el dinero! ¡Solo queda su carné…! ¡Eres un iluso!

-Lo siento, Jack…

-Anda, vámonos. Hay que escapar de la policía. Nos están buscando por toda la ciudad. Hoy dormiremos en algún banco, de algún parque oscuro. No pueden vernos.

-Está bien…

-¡Oh, Joe! ¡Esto es increíble! ¡En un solo día, después de tener una tapadera perfecta durante años, estamos buscados, despedidos, acabados! Se ha muerto el Amo Johny Quebrantapiedras, y si nos llegamos a enterar unos minutos antes, no nos hubiesen liado en esa alocada persecución para dar con esos animalejos inútiles, y nada de esto hubiese pasado.

-Lo siento, Jack.

-¡No sientas nada! La Mafia Yakuza, también está pasando un momento duro. Como su Rey, el Amo, ha muerto, se tardará en elegir un nuevo rey*, y probablemente comience una guerra Yakuza… ¡Eso tenlo por seguro!

Y es que quienes estaban conversando misteriosamente, eran aquellos Yakuza que nos habían estado persiguiendo por la mañana, y que ahora estaban siendo ellos perseguidos, por la Justicia. Estaban buscando un lugar de refugio, y se estaban acercando, ¡al parque dónde Lazzie y yo paseábamos!

Ambos estaban de un humor de gatos (“De perros” para los bipes).

Su aspecto hacía deducir que no se trataba de buenas personas, y que no tenían precisamente “el día”. Eran misteriosos, y muy oscuros, y observaban todo con una mirada criminal.

Por fin, llegaron, a dónde el guardia y el hombre elegante se estaban tirando de los pelos, dándose librazos, bastonazos, porrazos, y mordiéndose como si de congéneres míos se tratara.

Ambos miraron a los recién llegados. Estaban ataviados de negro, como ya comenté en numerosas ocasiones, y parecían una verdadera aparición en mitad de la noche.

-Bueno… Je je…-dijo el hombre elegante-Yo… solo estaba recogiendo mi libro, que se me había caído al suelo… Ya me marchaba… Vámonos, Pudoru…-exclamó el hombre elegante temblequeando.

El guardia se colocó en el centro de su calva su gorra visera, se arregló un poco, se estiró la ropa, y por fin, dirigió la palabra a los hombres vestidos de negro.

-Y bien, ¿qué desean?

-Entrar-dijo frívolamente Jack.

El hombre de la porra, observó detenidamente su apariencia, y “pinta” de maleantes, y finalmente, dijo sonriendo…

-Lo lamento. Pero, como he comentado hace rato, no se permite la entrada de perros-y volvió a señalar el cartel.

-¿Se permite la entrada, de perros con pistola?-Jack le devolvió la sonrisa, y sacó de su gabardina una pistola.

-¡Yogui! ¡Vaya alboroto has conseguido armar! ¡Pero has conseguido que podamos entrar…! ¡Eres… Bueno…! ¡Qué ingenioso eres!

-Bueno-me sonrojé-Se me ocurrió.

Lazzie me guiñó un ojo.

Una figura misteriosa nos observaba escondido tras unos arbustos.

-¡Ja ja ja, hay que ver qué cara se le puso al guardia cuando saqué la pistola!

-¡Qué buena idea has tenido, Jack!

-¡Bueno…! ¡No es para tanto! Aunque para ti sí… ¡Ya quisieras tener tú mis grandes ideas y mi mente privilegiada!

-Bueno… A mí también se me había ocurrido una idea…

-¿Ocurrírsete? ¿Ocurrírsete? ¡A ti lo único que se te puede ocurrir es que es mejor para todos que no se te ocurra nada… ¡Me abrumas con tus idioteces!

-Oye, amigo. ¡Yo no estoy ayudándote en esto para ver cómo me insultas!

-¿Ayudar? ¡Ja! Tú solo has ayudado a que los policías descubriesen nuestro escondrijo… ¡Contigo no hay manera de que seas discreto! ¡Tuvimos que huir de allí… corriendo! ¡Como el diablo! Los “polis” iban en buenísimos coches, y casi consiguen alcanzarnos. Si tú hubieras frenado cuando te dije, tal vez el coche no se hubiese estropeado del todo.

-¡Te dije que no había freno! ¡Los monos lo habían arrancado!

-¡Pues haberles arrancado tú los sesos! ¡A ver si tu inteligencia mejoraba en algo!

-¡Oye, no estoy dispuesto a que…!

-¡Tú no tienes que estar dispuesto a hablar más! ¡Y así me dejas tranquilo un rato! O te juro que te entrego a la policía. ¡Estoy harto!

-¡Son los Yakuza!-dijo Lazzie.

-¡No hay duda!-dije yo.

Ambos nos habíamos escondido en unos arbolejos que estaban cerca…

-Esos malditos perros-siguió diciendo Jack, o Yakuza Nº 1-¡Oh, diablos! ¡Tenía que ser hoy!

-¿El qué, compadre?

-¡Tú calla! ¿No ves acaso, que estamos rodeados de estatuas de perros?

En efecto, la pequeña plaza del parque dónde todos nos encontrábamos, estaba rodeada de estatuillas de perros por todas partes, y en el centro, había tres bancos, y una estatua de Johny Quebrantapiedras, en referencia a su gran “amor” por los perros y animales en general…

-¿Bueno, y por qué eso te molesta?

-¡Aparte de que tengo alergia a los perros, les tengo una enorme aversión a los tres chuchos de esta madrugada, y no me los puedo quitar de la cabeza! ¡Los veo por todas partes! ¡Mira, los veo allí, a lo lejos! ¡Y aquí, al lado mío! ¡Y en tu cabeza!

-Es verdad, son visiones… ¡Horribles! Yo también los veo detrás de esos arbolejos…

-¡Un momento, son ellos! ¡Están ahí!

-Sí, son un “esjepismo”…

-¡No, idiota! ¡Son ellos de verdad!-y le dio un puñetazo en la cabeza.

-¡Qué no! ¡Qué son una visión!

-¡Imbécil! ¡Yo soy el jefe, y te digo que son de verdad!-esta vez le dio un tortazo que resonó por todo lo alto-¡Esos malditos chuchos están a tres pasos nuestros, y nos miran con ojos suplicantes…!

¡Eso era mentira! Lazzie y yo los mirábamos con furia… Ese tipejo no tenía ni idea de expresiones faciales perrunas… Pero sigamos con nuestra historia…

-¡Oh, que tiernos!

-¡No, estúpido! ¡Son tiernos hasta que envían una jauría de monos para que te trituren! Pero esta vez no se escapan… ¡Ohhh!

-¿Y qué vas a hacer?

-Pues… Perritos, perritos… Venid con papá…

Pero Lazzie y yo, aprovechando que había anochecido del todo y ya no se veía nada, corrimos hasta otros arbolejos para escondernos…

-¡Maldición! ¿Dónde se han metido?

-¿Y ahora qué hacemos?

-Creo… Creo que tengo una idea… Aquí, en el bolso… Tengo algo…- y se sacó de su bolsillo derecho un delicioso muslo de ternera. Pero resistí la tentación de salir, más que nada porque Lazzie me agarró por la cola.

-Bueno, y ahora dejamos el delicioso muslito al pie de la estatua de nuestro querido Ex-Amo, que en paz descanse…Y ahora escóndete tras la estatua, Joe, rápido…

-¿Y qué? Son demasiado rápidos y sigilosos. De seguro cogerán el huesecito y volverán a esconderse, sin que nosotros nos hayamos dado cuenta siquiera.

-Pensándolo mejor… Tengo otra idea. Tú, deja de esconderte tras la estatua…

-Pero si acabas de decir que…

-¡Olvida lo que haya dicho! Tengo otro plan mejor… Ja ja…-se frotó las manos.

-¿Ah, sí?-dijo Joe escéptico.

-Quiero que te metas en esa papelera.

-¿Estás loco?

-¡No!-y, sin remilgos, lo metió dentro-Vas a sacarme de ahí la cuerda más grande que encuentres, y, todas las botellas o latas de metal que encuentres.

Después de un rato buscando, Joe extrajo de la basura los requisitos que Jack exigía, y solo entonces le dejó salir.

-¡¿Pero… para que quieres todo esto, Jack?! ¡No lo entiendo!

-¡Cierra el pico! Eh… Un momento. Juraría haber visto algo detrás de esos arbustos… Pero parecía un perro más grande… Bueno, es igual. De lo que se trata, mi querido Joe, es de lo siguiente: Pondremos el muslo de ternera entre los arbolejos, frente a la escultura de ese roñoso, avaro y maldito imbécil que se hizo llamar nuestro amo-rechinó los dientes-Bueno, después, nos ataremos la cuerda alrededor del brazo, y, por el otro extremo, ataremos el huesecillo, y le pondremos en la punta, un poco de chicle pegajoso. ¿No te parece brillante?

-¿Y por qué tendría que parecérmelo, Jack?

-¡Inepto! ¡Ignorante! Porque, los perritos no resistirán la tentación de ir a por su querido muslito, pero… Cuando lo toquen, se quedarán pegados gracias al chicle con el que he rebañado el huesecito. Al tirar, para intentar desprenderse, las latas resonarán, y nosotros nos daremos cuenta, de que han mordido el anzuelo. Entonces, los traeremos hacia nosotros, y… ¡los mataremos!

-¡Fantástico! Yo propongo que les tiremos por un acantilado.

-¡Tú no propongas nada! ¡Yo soy el que propongo!-se señaló con el dedo índice-Les degollaremos. Menos sufrimiento para ellos y menos estrés para nosotros. Estamos bastante ocupados escondiéndonos de la policía.

-¡Cierto!

Lo colocaron todo como estaba previsto, y se echaron en el suelo, a esperar.

-¡Yogui! ¡Ven!-gritó Lazzie-¡Tengo una idea!

-Pero… es muy peligroso salir-dije yo, muy cauto.

-¡Tú ven!

Y me explicó su gran estrategia al oído.

Sigilosamente, Lazzie mordió con sus colmillos el extremo a donde estaba agarrado el huesecito, pero sin llegar a tocarlo para evitar quedarse pegada. Después arrastró el cordel sin que este resonara por culpa de las latas, y lo ató a la estatua de Johny Quebrantapiedras.

Esperó un rato.

Los Yakuza se adormecían por el cansancio.

Al final, Lazzie se acercó a ellos, sin que se enteraran, y rompió el otro extremo de la cuerda a la que estaban agarrados.

Ahora, la cuerda solo estaba atada a la escultura de Johny Quebrantapiedras. Así que, llevó el otro extremo hasta donde estaban los adormilados Jack y Joe, ¡y ató la pierna izquierda de uno con la pierna derecha derecha del otro!

Ahora, me tocaba a mí cumplir mi parte del plan.

Ladré, e hice tintinear las latas.

Los Yakuza, se levantaron rápidamente.

-¡Ah, han picado! ¿Dónde están? ¿Dónde están?

-¡Eh, un momento!

-¡Qué caemos!

-¡Diablos, todas nuestras piernas están atadas, no podemos movernos!

-¡Camina, camina! Venga, yo doy un paso con el pie izquierdo, y tú con el pie derecho.

-¡Eh, una fuerza nos impide andar!-era la estatua de Johny Quebrantapiedras.

Así que empezaron a tirar, hasta que desencajaron la estatua, ¡y ésta cayó sobre ellos!

Comenzaron a correr asustados.

-¡El fantasma de Johny Quebrantapiedras!

-¡Nos persigue!

-¡Qué nos atrapa!

Y, dando traspiés y teniendo mil y un tropiezos, ¡acabaron rodando colina abajo, atados a la estatua!

-¡Un fantasma! ¡Quiere vengarse de lo que le dijimos!

-¡Tú fuiste el que le llamaste “maldito”! ¡La culpa es tuya!

-¡Mentira!

Y rodando, rodando, con las latas haciendo un espantoso ruido, consiguieron alertar a toda la población de Odate.

Terminaron aterrizando, frente a la salida del parque. Cuando intentaron levantarse, se dieron cuenta de que no estaban solos.

El guardia al que antes habían amenazado, los observaba con una sonrisa satisfactoria, y detrás de él, media docena de policías también sonreían, junto a un gran furgón para meter a los presos.

-Bueno, je je… Nosotros… Ya nos íbamos… ¿Eh?

-Sí, ya nos íbamos…

-Lo lamento, caballeros… No se admite la salida de perros enganchados a estatuas…

-¡Guau! ¡Lazzie! Tu idea ha sido fantástica…

-Es que tú no eres el único que tiene buenas ideas… Yo también puedo tenerlas…

-Claro…

-¿Paseamos un rato?

-Está bien…

Así que comenzamos a pasear tranquilamente por el parque… No me había sentido mejor en toda mi vida… A pesar de que la oscuridad reinaba aquella noche, parecía que la Luna había iluminado con todo su brillo a Lazzie, que relucía con todo su esplendor… Sus ojos brillaban a la luz de las estrellas, y, cada vez caía más en la cuenta, de que nunca había visto criatura más bella…

Los búhos nos observaban con sus enormes ojos, y entonaban una cálida y romántica canción, junto con todos los pajaritos y animalitos que por allí había…

-¿Sabes?-dijo Lazzie de pronto-Esto me recuerda a las noches que paseaba por los parques de Rusia con mi madre, en las noches cerradas… Cuando me entonaba esa canción, ese bello poema que nunca olvidaré…

La niña duerme, bajo el azul del cielo,

Y sueña con las doradas estrellas.

Aquella que más brilla, su abuelita,

La quiere para ella.

… Entonces me dormía, y ella me acostaba en su cálida espalda… Y ambas nos íbamos a acostar…

-Caramba, Lazzie… Eso es… Precioso.

-Lo es… Ojalá encontremos a El Señor de los Huesos… Y… yo pueda reunirme con mi abuelita, ya que es la única que ha conservado un alma…

-¡No digas eso! Seguro que tu mamá también está allí.

-Quizás, pero lo único que quiero ahora… Es encontrar a alguien de mi familia… ¡Oh, mi pobre abuela! ¡Murió por culpa de esos despiadados humanos! Pero algún día vengaré su muerte…

-Lazzie, vamos, cálmate…

-Yogui…

-¿Qué?

-Cuando encontremos a El Señor de los Huesos…

-¿Si?

-¿Te quedarás con él?

-¿Con El Señor de los Huesos?

-Bueno, sí, y… conmigo… ¿Te quedarás conmigo y con mi abuelita en el Paraíso de los Perros?

-Por supuesto, Lazzie… Jamás nos separaremos…

Me arrimé a ella.

-¡No quiero que nos separemos nunca!

-Siempre estaremos juntos, Lazzie…

-Verás, Yogui, yo… Tengo que decirte algo…

-No, Lazzie, tengo que decírtelo yo a ti… Yo… Te… Te…

-¿Quién es ese?

Nos detuvimos frente a la estatua de un pequeño niño semi-desnudo, con un arco y unas flechas…

-¿Ese? Creo que pertenece a la mitología, o religión, humana… Pero no creo que sea específicamente de Japón…

-¿Por qué tiene un arco?

-Bueno… Creo que es porque… Bueno, se dedica a disparar flechas desde el cielo… A quien le toque su flecha, se enamorará perdidamente del primer ser que vea…

-No creo que exista.

-Yo tampoco… Pero… En caso de que exista… Creo que a mí me ha dado-fui arrimando mi hocico, y le di un lametón…

-Creo que a mí también…-Lazzie me dio otro lametón…

La misteriosa figura observaba la escena con ojos relucientes… Estábamos solos… Era el momento…

Ambos nos dimos un lametón mutuo que me pareció que duró eternamente…

La sombra estaba a punto de saltar contra nosotros… Se estaba preparando… Cuando se iba a abalanzar…

-¡Lazzie! ¡Yogui! ¿Dónde estáis?

Gritó una voz…

-¡Lazzie, Yogui! ¡Yogui, Lazzie! ¡He encontrado algo!

CONTINUARÁ…

InicioCapítulo 13Capítulo 15

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: