Capítulo 15: Hachiko

Y por fin encontramos la Ciudad Perdida…


Pues eso… ¡Por fin encontramos la Ciudad Perdida! ¿Qué sucederá después? ¿Nos encontraremos con El Señor de los Huesos?

XV) Hachiko

La sombra, se ocultó rápidamente al oír aquella voz.

-¡Yogui! ¡Lazzie! ¡Venid, rápido! ¡Hemos encontrado algo!

La voz que gritaba, pertenecía a Balto.

-¡Balto, Balto! ¿Qué ocurre? ¿Habéis entrado en la Ciudad Perdida?-dijimos Lazzie y yo, a la vez.

-No, pero estamos a punto.

-¡Bravo!-dijimos, Lazzie y yo, de nuevo.

-Espero que os hayáis portado bien, y que no hayáis cometido ninguna travesura, ¿verdad?

Nos reímos, mientras nos guiñábamos un ojo.

-Si nosotros te contáramos.

-En fin… Tenemos que ir con Crinés. Nos está esperando.

-¿Adónde vamos, Balto?

-Ya lo veréis…

Salimos del parque, y comenzamos a caminar otra vez, por las despobladas calles de Odate.

-¡Qué raro!-exclamó Balto-¿Qué hacen todos esos coches de policía por ahí? ¡Parece que hayan detenido a alguien!

Lazzie y yo, nos miramos el uno al otro.

Pudimos escuchar algunos gritos que provenían del camión de policía, algo así, como:

-¿Quieren dejar de gritar que no quieren que este chihuahua les vigile en el coche, por si acaso se escapan?

-¡No! ¡No queremos! Los perros organizan una revolución, ¡son más inteligentes de lo que pensábamos! ¡Tienen una mente privilegiada! ¡Nos persiguen por todas partes…!

-Pues hoy por la mañana, bien que no tuvieron remilgos en ponerse a perseguir a unos animalitos inocentes por toda la ciudad.

-¡Pero aún no sabíamos de la revolución! ¡Hasta saben hablar! Estamos seguros, pero nos lo quieren ocultar…

-Me da a mí, que más que a la cárcel, ustedes tienen que ir al manicomio… En fin, me da igual si les da miedo nuestro querido chihuahua. Hay órdenes de que les vigile el perro, y yo no puedo quebrantarlas…

-¡¿Quebrantarlas?! ¡O no, Johny Quebrantapiedras, el Amo! ¡Su fantasma también nos persigue! ¡Usted es la reencarnación de Johny Quebrantapiedras!

-¡Al diablo! ¿Quieren estarse callados de una vez?

-¡El fantasma del Amo! ¡Socorro!

-¡¡¡¡¡Cállense!!!!!!

De todos modos, nosotros dos sabíamos muy bien de quienes eran esas voces.

-Bueno, Balto. No podemos esperar ya más… -dijo Lazzie.

-Sí-añadí yo-¿De qué se trata la sorpresa?

-Veréis… Crinés me llevó al Cementerio de Perros, como me había prometido. Pero allí solo había tumbas y tumbas de perros vulgares y corrientes… Nada, comparado, con esto…

Nos enseñó un folleto con Johny Quebrantapiedras en la portada.

-Lo encontré en el cementerio. ¿A que no adivináis de que se trata?

-¡No, Balto! ¿De qué se trata?

-Bien, resulta, que nuestro querido Pez Gordo, Johny Quebrantapiedras, iba a organizar esa reunión, la conferencia, “Pequeño Corazón Animal”, en la estación de la ciudad, frente a una estatua, la estatua del Gran Perro.

-¡Sí, el Gran Perro! ¡Es verdad! ¡Él me lo contó! El Gran Perro… Pero, ¿qué quería decir?

-Cuando los japoneses dicen Gran Perro-continuó diciendo Balto-Quieren decir… Hachiko.

-¿Hachiko?

Pero Balto, no me contestó, porque en ese momento, apareció de entre la niebla, Crinés Rinés de Inés.

-¡Caramba! ¡Cuánto habéis tardado!

-Es que tardé en encontrar a Lazzie y a Yogui… Mea culpa-Balto sonrió.

-Bien, ¿les has contado lo que hemos averiguado?

-En ello estaba…

-No importa, comenzaré desde el principio.

-¡Gracias, Crinés!-dije-¿Quién es Hachiko, pues?

-Hachiko, el perro fiel, fue un perro de raza Akita, nacido en 1923 en la ciudad de Odate. Fue trasladado a Tokio por Eisaburo Ueno, su dueño, cuando apenas era un cachorro. Un amigo se lo había regalado. Pero, surgió un problema. El profesor fue destinado a Tokio, para impartir sus clases del departamento de agricultura. Y él, tuvo que aceptar. Así que, decidió llevarse a Hachiko con él, dos días en tren, metido en una caja.

-¡Qué crueles humanos!-dijo Lazzie.

-Cuando los sirvientes del profesor fueron a dárselo a éste, se dieron cuenta de que estaba muerto. El profesor, disgustado, lo cogió en cuello, y se lo llevó a su casa. Cuando llegó a su nuevo hogar, lo primero que hizo, antes de organizar todo, fue sentar al perrito en su regazo, y darle un poco de leche caliente. El cachorrito fue abriendo los ojos, y fue despertándose de su triste sueño.

El profesor, vio que tenía una de sus patas delanteras torcida, y se le asemejó a un Kanji, letra japonesa que representa al número ocho, y decidió llamarlo Hachi, que significa, Ocho en japonés… Había nacido, Hachiko, el perro fiel.

Hachi y el profesor enseguida cogieron un gran afecto el uno por el otro, de una forma que jamás se vio entre un animal y una persona.

Todos los días, Hachi iba con su amo a la estación de tren, y allí se despedía de su amo, que iba al trabajo. No necesitaba correa, se quedaba esperando a su amo tranquilamente en un banco de la estación. A la hora de comer, Hachi se levantaba y se aproximaba al tren. Allí, esperaba de entre todas las caras, ver aparecer a su amo. Cuando ambos se veían, los dos corrían para alcanzarse, y se daban un caluroso abrazo. Después, iban a casa, mientras charlaban amistosamente. Aunque ninguno pudiese contestar a lo que decía el otro, se entendían, ya fuese por sus expresivos rostros, o porque eran como un solo ser en diferente raza.

Así pasaron más de cinco años.

Un día normal como otro cualquiera, el perro vio desaparecer a su amo en el tren, como un día normal como otro cualquiera, se sentó en el banco, como un día normal como otro cualquiera, y cuando llegó la hora de comer en un día normal como otro cualquiera, se aproximó al tren como un día normal como otro cualquiera. Pero, a diferencia de un día normal como otro cualquiera, entre todas las caras que salían del tren, no había ninguna conocida.

-¡Lo abandonó!-dijo Lazzie furiosa-¡Será hijo de…!

-¡Chitón! ¡No blasfemes! ¡Murió! ¡Falleció de un ataque cardiaco, y, como todos, no pudo resucitar!-fue Crinés el que se puso más furioso aún-Cada día, Hachi volvía a la estación, y esperaba a que apareciese su amo, a la hora usual. Cuando se hacía de noche, se echaba en el felpudo de su casa.

Así transcurrieron, días, semanas, meses… Pero Hachi, cada vez se sentía más débil. Sin embargo, eso tuvo su solución. La historia de Hachiko, cruzó los mares, y las montañas, se extendió por todo Odate, por toda la región, por todo Japón, y por el mundo entero. Todos conocían a Hachiko, y todos se preocupaban por él. Siempre le traían deliciosas comidas para que probase, le traían compañeros perrunos para que jugase, le daban mimos y caricias, hasta le intentaban llevar a su casa… Pero Hachi solo quería esperar a su amo. Los ciudadanos de Odate, acabaron apodándole, “El Perro Fiel”, que en japonés, se pronuncia con una sola sílaba: Ko… Hachi-Ko. Hachiko.

Pasaron diez años, y Hachiko falleció. Todos los ciudadanos de Odate, lloraron por su muerte, y todos decidieron, erguir una estatua en su honor. Y es ésta estatua, que veis aquí…

Crinés Rinés de Inés, avanzó un poco, traspasó la niebla, y se detuvo frente a una gran estatua de bronce.

-Éste es Hachiko.

-¡Oh, diablos! ¡Qué crueles son los humanos! Estoy segura de que el profesor no murió, y que le abandonó a su suerte…

-Lazzie-dije yo-No estoy de acuerdo. La verdad, llevaba unos días, en que estaba convenciéndome de que los humanos son malvados y terribles, pero esto me ha abierto el corazón. Ya no sé qué pensar… Mis dueños, ¿me quieren en verdad? ¿O no se preocupan por mí?

-¡Todos los humanos son unos bárbaros!-siguió diciendo Lazzie.

-Yo lo dudo-contestó Balto.

-¡Silencio!-dijo Crinés-Veréis, nosotros, los caballos, seguimos una religión.

-Pues espero que no sea como la de Monóru…

-¿Disculpa? Nosotros no creemos en la guerra entre una raza y otra. No creemos que haya razas malvadas, y razas buenas. Nosotros creemos en la paz.

-Pero… Tú viste lo malvado que es Johny Quebrantapiedras, el humano. Viste como trata a los animales-señalé yo.

-¿Y qué? ¿Acaso eso va a influir para que yo piense que todos los humanos son como él? Eso es no tener personalidad, y dejarse llevar por lo único que ves, cuando aún no has descubierto ni la mitad de las cosas. ¿Tu padre acaso no es malvado, según me contó Balto?

-Bueno, sí, pero…

-¿Y, alguna vez tus dueños te han tratado injustamente? Los caballos creemos que cada uno es distinto. Todos tenemos nuestros propios pensamientos, puntos de vista, y personalidad. Al igual que hay animales malvados y buenos, también hay humanos bondadosos y humanos despiadados. La vida de los caballos, depende también de los humanos.

-¿Cómo…?

-Nosotros creemos en la igualdad entre todas las especies. Por ello, creemos que cuando un caballo nace, está conectado con un humano, un humano, que es diferente a él físicamente, pero que está ligado fuertemente al caballo. Así nace la primera gran amistad de un caballo.

-¿Cómo sabes cuándo es tu humano?

-Se sabe. Solo hay un Jinete para un Caballo, y un Caballo para un Jinete. Cuando el Jinete se monta sobre ti, lo sabes. Sientes que estás fuertemente conectado con él, y aunque no puedas hablarle, uno siente los mismos sentimientos del otro. Le comprende, y aunque no pueda consolarle hablándole cuando está triste, solo necesitas dejarle que se suba a ti, porque eso es lo que le hace consolarse: Estar contigo.

-¿Ya has encontrado a tu Jinete?

-Aún no. Pero ya me han montado muchos humanos. Algunos eran crueles, como los sirvientes de Quebrantapiedras, otros, simplemente, no eran mi Jinete. Mi Jinete tendrá mis mismos sentimientos, buscará ansioso un caballo con quien compartir sus mejores momentos, y será dulce de corazón, igual que yo. Nos sentiremos unidos, como uno mismo.

-Vaya, Crinés, eso es… Maravilloso-dijo Lazzie.

-Sí.

-Pero,-dijo Balto-Sigamos hablando de la estatua. Frente a esta estatua quería celebrar Johny Quebrantapiedras, su famosa reunión, en honor al amor por los animales. Pero aquí viene la parte interesante… La estatua, fue construida en abril de 1934, pero fue fundida y convertida en armas de guerra, como el resto de las estatuas de Japón, a causa de la Segunda Gran Guerra Humana (O “La Segunda Guerra Mundial” para las personas). Por lo tanto, el hijo de Teru Ando, constructor de la primera estatua, decidió volver a construir esa escultura. Da la casualidad, de que ambos, padre e hijo, eran unos grandes amantes y protectores de los animales, hasta tal punto, que cuenta la Leyenda, que El Señor de los Huesos, les encargó la misión de proteger a los perros y animales en general. Les nombró Hijos de las Estrellas, más concretamente, Hermanos del Aire, que vela por la seguridad.

-Exacto-añadió Crinés.

-Creemos-Balto volvió a hablar-Que al arrancar la primera estatua de su Lugar Sagrado, quedó una entrada a una gruta. Afortunadamente, todo el mundo “sabía” que eso no era más que la Tumba de Hachiko, y no les agradaba la idea de entrar allí. Pero el constructor de la estatua, sabía que allí se ocultaba la Ciudad Perdida, y que era un Lugar Sagrado…

-¡Guau!-exclamamos Lazzie y yo-¡Increíble!

-Los habitantes de Odate, decidieron volver a construir la estatua. Así que, el constructor, antes de fallecer, le pidió a su hijo que se ofreciese voluntario para construir la estatua. Con que, el hijo del escultor, tapó la entrada de la Ciudad Perdida, pero, dicen los mitos, que, si aplicas la adecuada contraseña, la tapa se abrirá, y podrás entrar en la Ciudad Perdida.

-¿Una contraseña?

-¡Claro! Hachiko murió al pie de dónde se levantó después su estatua, porque sabía que era Tierra Sagrada, y que se llevarían su espíritu a la Ciudad. Pero, entonces la entrada estaba tapada con tierra. Cuando fabricaron su tumba, debieron ignorar la gruta que conducía a la Ciudad Perdida, y no quisieron investigar hacia donde conducía. Pero, al fundir la escultura, la entrada quedó abierta. Nadie se acercaba allí, porque no tenían ganas de ver un cadáver descompuesto.

-Pero… Un momento-dije yo-¡Ahora todo cobra sentido! ¡Claro que sí!

Dónde el Reino Perdido esté

Y también el Hueso verás,

Estarán los huesos,

De alguien más…

Bien, eso ya sabíamos que era una tumba, pero…

El mejor amigo del hombre,

Nunca se separará,

De lo que por la Muerte,

Separado está…

Y este viejo acertijo prueba,

El Dicho, que dice verdad.

¿Es que no os dais cuenta? ¡Se refieren a que aunque su amo hubiese muerto, Hachiko nunca perdió la esperanza de encontrarlo! Siempre se quisieron, aunque estuviesen separados, siempre hubo una conexión entre ellos. Hachiko, un perro, tuvo por mejor amigo, a un hombre.

-¡Exacto! Pero aún seguimos sin saber cómo entrar…

-Creo… Creo que tengo algo… Sí…-dijo Balto.

-¿Qué tienes?

-¿Recuerdas, Yogui, lo que ponía mi collar? “Balto: : Resistencia- Fidelidad- Inteligencia. Perteneciente a Boby Kamarát”. Pues aquí, en el folleto, pone que…

-Un momento, un momento… ¿Sabes leer humano?-dijimos Lazzie y yo.

-¡Pues claro!-dijo Crinés.

-¡Por supuesto! ¿Cómo queríais si no que Crinés y yo nos enterásemos de todo lo que os hemos contado? En el cielo, se aprende mucho, niños. Como dije un antiguo proverbio japonés: “Hay cosas que se aprenden hasta muerto”.

-Vaya…-ambos nos quedamos patidifusos.

-Bueno, lo que quiero decir, aquí pone también algo parecido a lo que ponía mi collar: “Hachiko: Amor- Lealtad-Valor”. Y, si os fijáis, en la base de la estatua. Hay una especie de imágenes que juegan el papel de jeroglíficos. Son un corazón, un león, un perro, una aguja, una mariposa, una paloma, y una nube. ¿Qué creéis que pueden significar?

-¡Claro! Hay que apretar los dibujos, en el orden correcto. Pero alguno, sin duda sobra. Creo que… Amor, se describe con un corazón.

-Bien-dijo Balto, y lo apretó.

-Lealtad, con un perro, nosotros somos muy leales, aunque también somos muy valientes… Pero sin duda, el papel de Valor, se le asigna… ¡Al león!-Lazzie parecía haber resuelto el misterio en menos de un minuto.

Balto apretó el último dibujo, e intentó levantar la tapa.

-¡Ahhh! ¡No se puede! Creo que mi idea no iba bien encaminada.

-Yo creo que sí-dije-En las películas humanas de aventuras, muchas veces, se dan vueltas a ruletas, o esculturas, para abrir una entrada, y ya que son, tres dibujos, podremos darle tres vueltas.

Así que todos nos dispusimos a girar la estatua de Hachiko, con toda nuestra fuerza.

-Y ahora… ¡Hay que levantarla! Una, dos y…

-¡Bravo!-gritó Crinés-¡Lo hemos conseguido! ¡Hemos abierto la entrada!

-Sí,-dijo Balto-Pero hemos pegado un buen golpe al levantar la estatua, y las luces de los edificios se están encendiendo. Hay gente asomándose por las ventanas, y gente saliendo de sus portales. ¡No tardarán incluso en venir guardias!

Efectivamente, la gente se había despertado con todo el alboroto.

-¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder! ¡Entrad!-gritó Crinés.

-¿Tú no vienes, Crinés?

-¡No! Yo tengo que encontrar a mi Jinete, y no creo que El Señor de los Huesos, se dedique a resolver problemas de caballos, precisamente.

-¡Espero que lo consigas!-gritamos.

Crinés Rinés de Inés se alejó, y nosotros lo perdimos de vista.

Pero, con las prisas, se nos olvidó de volver a tapar la entrada a la gruta.

Los tres, nos adentramos en la misteriosa gruta oscura, con la esperanza de encontrar a El Señor de los Huesos.

CONTINUARÁ…

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