Capítulo 17: Truhán

La frustración de un padre


¡Quedan dos capítulos para cerrar la historia! El próximo será el último. En este fragmento de mi aventura os explicaré la historia de mi malvado padre, un personaje realmente complejo, que, si bien no tiene compasión, también tiene una larga vida llena de depresión que le ha convertido en lo que es.

Lo que planteo en este episodio es lo siguiente: ¿Quiero realmente a mi padre? Tengo que decidirlo pronto, pues probablemente tenga que luchar contra él.

XVII) Truhán

-¿Qué pasa, Yogui, no saludas a tu querido padre? Ja ja ja ja… Vamos, Yogui… ¿Y tú, tatarabuelito? ¡Soy tu querido tataranieto! ¿No me saludas tú, tampoco? ¿Y qué me dices tú, noviecita de Yogui, eh? ¡Qué buen partido te sacaste con mi hijo! –decía sarcásticamente Truhán- ¡Y tú,-sus ojos se volvieron rojos- Estúpido perro lobo ratonero sin raza! ¡Perro sarnoso! TÚ, secuestraste a mi hijo. ¿Te ha hecho algo, querido?

-Balto no me ha hecho nada. No se preocupe, señor.

-Bueno. Espero que así sea. Y ahora, ¿por qué no vienes aquí a mi lado, y así nos iremos juntos a buscar El Hueso?

-No. No voy a ir contigo.

-¿Cómo que no? No digas tonterías, hijo. ¿Qué te ha hecho este desalmado perro lobo? Ya me ocuparé de él más tarde. Tú… Ven con tu papaíto, ¿eh?

-Usted no es mi padre.

La sonrisa de Truhán, se borró de su rostro.

-¡Maldito hijo desgraciado! ¡¿Qué te he hecho yo, para que me trates así?! ¡Ven conmigo inmediatamente! ¡Inepto asqueroso! ¡Desagradecido! ¡Llevo más de dos años buscándote! ¿Y así es como me lo agradeces? ¡Vas a venir conmigo, aunque sea agarrándote por el cuello hasta hacerte sangrar!

-No, Truhán. Usted no me va a hacer nada-me arrimé a El Señor de los Huesos.

-¡¿Cómo que no?! ¡No tienes idea de lo que te puedo hacer!-y saltó sobre mí.

Pero entonces, El Señor de los Huesos, alargó su Pata Torcida, y una luz blanca lanzó a mi padre cuesta abajo.

-¡Basta ya!-gritó el Gran Perro-¡No te acerques a mi hijo!

-¡Él es hijo mío, no tuyo! ¡Aparta de mi camino, viejo!

-Apártate tú del camino que no marca El Señor.

-No me des órdenes.

-Yo no doy ordenes, solo consejos.

-Déjame en paz.

-Si yo no te doy órdenes, no me las des tú a mí. Si me vas a dar órdenes, yo también te las daré. Y te diré que dejes en paz a mi Protegido. O sufrirás la ira de El Hueso.

-El Hueso, ¡Ja! Por cierto, tú, perro lobo. ¿Vas a darme ese precioso medallón, no?

Balto no contestó.

-En fin-siguió diciendo Truhán, mi malvado padre-Vamos, Yogui. Ven conmigo. Hazlo por mamá.

-¿Mamá? ¿Qué le has hecho a mamá?-salí de entre las patas de El Señor de los Huesos, aunque este no quería permitírmelo.

-Oh, tan solo lo que tú sabes. La he dejado desangrándose. Si tú vienes conmigo y me ayudas a conseguir El Hueso, cuando yo lo tenga, podremos curarla, ¿eh?

Estuve a punto de aceptar, de no ser por que…

-Es mentira-dijo El Señor de los Huesos.

-¡Tú calla!-dijo Truhán furioso.

-Estás… Loco-añadí yo asustado y aterrorizado.

-Tú también, hijo mío… Vamos a ver, explicádmelo… ¡Llamarme loco! ¡A mí! ¿Qué te he hecho yo? ¡¡¡¡¿¿¿¿Qué te he hecho yooooooo?????!!!!!

Me volví a meter entre las piernas de El Señor de los Huesos.

-Deja al niño en paz, no te ha hecho nada-dijo Balto.

-¿Qué no me ha hecho nada, dices? ¿Qué no me ha hecho nada? ¡No tienes ni idea de lo que me ha hecho! Me ha llamado loco…

-Tal vez si no lo estuvieses no te lo llamaría-dijo Lazzie.

-¡Calla, perra!-bramó Truhán-¿Creéis que yo no tengo razones para ser como soy? Para… Hacer tantas maldades por conseguir El Hueso… ¡La vida ha sido injusta, ha sido perra conmigo! Lo mínimo que puedo hacer para desahogarme es ser injusto con la gente. A ver, ¿acaso no había de haber sido yo el que hubiese conseguido El Hueso? ¡¡¡Miradme!!!

-Te miramos, y no vemos nada en ti que te haga digno para conseguir El Hueso.

-¿¿Cómo que no?? ¿¿Cómo que no?? ¡Miradme! ¡Mirad mi Pata Torcida! ¡La tengo tan torcida como ese chucho desagradecido que se hace llamar mi hijo! ¡Incluso puede que la tenga un más que él! ¡La tengo tan torcida como tú, viejo!

-Eso no te lo he negado.

-¿¿Cómo que no?? ¡Has dicho que nada en mí cuerpo me hacía digno de conseguir El Hueso!

-Yo no he dicho nada de tu Pata Torcida, ni de tu cuerpo, ni de tu exterior.

-¿Entonces que demonios querías decirme, viejo idiota?

-Es que no me refería a tu exterior. Me estaba fijando en tu interior. Tu corazón no es digno de conseguir El Hueso. Y El Hueso no mira solo hacia la Pata Torcida de mis descendientes. Para escoger a El Elegido, El Hueso también mira dentro de tu ser. Yogui es bondadoso, inocente, y un buen amigo. Valiente, leal, sincero y responsable. Tal vez él si tenía lo que había que tener, lo que El Hueso buscaba, para encontrar a El Elegido. Después de todo, es tu hijo. Deberías sentirte orgulloso-El Señor de los Huesos hizo una mueca burlona.

-¡Ahhhhh! ¡Viejo! ¡No te burles! ¡No te cachondees de mí! ¡No sabes con quién tratas!

-¡Claro que sí lo sé! ¡Con mi querido tataranietecito!

-¡Miserable!-Truhán le mordió una oreja a El Señor de los Huesos, y le pegó un zarpazo. Las uñas se quedaron marcadas en su rostro, pero no tardaron en desaparecer como si nada hubiese pasado. Lo que acababa de hacer Truhán era como tratar de herir al aire.

-No hagas daño a quien nunca ha intentado hacértelo.

-¡Bahhh! ¡Tú no sabes por lo que he pasado! ¡Orgulloso de mi hijo! ¡Bahhhh!-pareció calmarse.

Truhán cogió aire, y volvió a hablar.

-Lo único que ansiaba mi padre, Llameante, era que uno de sus hijos fuese El Elegido, y éste, le diese El Hueso, para que él pudiese tener el poder sobre el Mundo Animal. Tuvo varios hijos, tres para ser exactos, entre los que estoy incluido. Ni el primer hijo ni el segundo, acapararon sus expectativas. Mi padre se indignó profundamente, y entró en una enorme depresión. Sin embargo, meses después se enteró de que iba a tener otro hijo. Era su única esperanza. Cuando yo nací, mi padre se ocupó día y noche de mí. Me cuidó, me mimó y me quiso con locura. A las dos semanas de mi nacimiento, llegó el momento de hacer el Ritual, para saber si yo era El Elegido. Mi padre estaba convencido de que lo sería, e incluso consideraba innecesario hacer el ritual, pero su mujer, Grisácea, insistió en ello. Al hacerlo, al romperme la pata, descubrieron que yo no era El Elegido.

Mi madre ya era mayor y ya no podía tener más hijos. Yo no había podido complacerles en su obsesión, ni saciar sus ansias. A partir de entonces, Llameante me atormentó desde que los primeros rayos del sol salían por el horizonte, hasta que volvían a salir. No me dejaba tranquilo un segundo. Me insultaba, me despreciaba, decía que yo no era digno de ser hijo suyo, que era un vulgar perro por no ser El Elegido, y… me pegaba. Me pegaba y me maltrataba, me mordía y me pegaba zarpazos hasta dejarme malherido. Incluso mi madre, Grisácea, intentaba detenerle, pero también a ella la pegaba.

Él había vivido toda su vida con el único deseo, sin éxito, de encontrar El Hueso. Su mente retorcida y malvada no le dejaba pensar en otra cosa…

Toda mi infancia la pasé así. Siempre que mi padre llegaba por las noches, me pegaba a mi madre y a mí. Siempre era lo mismo. Llegaba borracho. Toda mi niñez, ¡¡¡fue así!!! ¡Y ahora vosotros me acusáis de estar loco!-volvió a intentar calmarse y controlarse-Podría decirse que lo único que hice fue sobrevivir, porque había veces, que mi padre casi conseguía matarme.

Logró meterme por la cabeza que yo era un inútil, por no haber conseguido ser El Elegido. Atormentándome, yo crecí con esa frustración: No haberle sido útil a mi padre.

Tanto Llameante como Grisácea murieron ya hace mucho. Pero yo, no olvido. Y si bien no han conseguido un alma, y si bien ya no podrán verme conseguir El Hueso, me da igual. Quiero demostrarme, aunque sea a mí mismo, que ese hijo de… , que era mi padre, estaba muy equivocado. ¡Yo seré capaz de conseguir El Hueso, y de haceros ver que yo tenía que haber sido El Elegido!

Se ha convertido en mi obsesión, y dudo mucho que me la quitéis de mi mente. Mi padre nunca se sintió orgulloso de mí, pues al menos dejadme que yo me sienta orgulloso de mí mismo. Cuando tenga El Hueso en mis patas, descargaré toda mi ira, toda la ira que se acumuló en mí mientras crecí por culpa de mi padre, sobre todo ser vivo que encuentre en mi camino. Mi reinado será una época dorada para mí y para todos mis seguidores Lobuistas. Para los demás inocentes que se interpongan entre El Hueso y yo, la vida se convertirá en un infierno. ¡No me importa que no me hayan hecho nada! Todos esos inocentes serán para mí mi padre, y todos lo pagarán caro, como si de él se tratase.

-¡Estás aún más loco de lo que temía!-dije yo.

-¡Malvado, fuera de aquí!-gritamos, esta vez, todos juntos: Balto, El Señor de los Huesos, Lazzie, su abuelita y yo.

Fue espectacular ver todas nuestras fuerzas juntas y unidas.

Mi padre rió malévolamente, y regresó a su anterior sarcasmo.

-Oye, por cierto, viejo. ¡Vaya guardián de pacotilla que te has echado! Ha dejado la puerta abierta ja ja. No solo he podido estar espiándoos un buen rato, sino que he podido entrar sin percances por entre los Huesos, sin que él se enterase ja ja.

-¡No te metas con mi guardián!

-Al menos permíteme que me meta con tus tres protegidos, que me han guiado hasta aquí durante todo el tiempo, sin enterarse siquiera de que yo les seguía.

Primero, entré en el ferrocarril de Johny Quebrantapiedras, cuando me capturaron, igual que vosotros. Pero, ni siquiera os enterasteis de que entré. Vosotros seguisteis a vuestra “bola”. Después, pude dedicarme, a “cotillear”, si me lo permitís, los besos tan apasionantes que mi hijito se daba con su noviecita.

-¿A eso os dedicasteis mientras Crinés y yo buscábamos la entrada a la Tumba? ¡Ahora tendré que suponer que el lío que se tenía montado con todos aquellos coches policía era también culpa vuestra!, ¿no?-nosotros no respondimos.

-Pero, ¡espera, perro lobo sarnoso! Para remate, tú, especialmente, te ocupas de dejar la puerta abierta a la Tumba, para que yo os siga sin problema alguno, ¿eh?

Balto bajó la cabeza.

-Lo siento, Señor-dijo dirigiéndose a El Señor de los Huesos.

-Bueno, bueno-continuó mi padre-No quisiera que por mi culpa entrarais en una discusión, ¿no? Así que lo olvidado olvidado está, ¿eh?

Y, de pronto, con un rápido movimiento, se abalanzó sobre Lazzie, y apretó sus afiladas garras en el cuello de la cachorrita.

-Pero, yo, nunca olvido. Y creo haberos pedido antes el medallón, ¿a que sí? Voy a conseguir El Hueso. Y ahora, buen perrito lobo, dame ese “Mapa hasta el Tesoro”, ¡o hago que la tráquea de esta preciosa perrita se le salga por la nariz!

CONTINUARÁ…

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