Capítulo 3: El Secreto del Perro Lobo

Y aquí la siguiente entrega de mi gran aventura, amigos, en la que Yogui conoce a un misterioso perro que le defendió de Látigo… ¿Qué ocurrirá después?

YOGUI:

Los Orígenes de los Canes

III) El Secreto del Perro Lobo

“¡Socorro! ¡Socorro!”¡Comencé a gritar!

El perro empezó a darme latigazos con su rabo… Me había dejado completamente magullado… Me desgarró la piel con sus colmillos y su palo… Me cogió por el cuello y me lanzó al barro… ¡Y de pronto, cuando me iba a dar el zarpazo final con el que seguro me asesinaría, una destelleante luz apareció!, y, con ella, un gran perro, que comenzó a luchar fieramente con la bestia del palo…

Yo seguía aterrorizado por la fiereza de la batalla, pero me puse a ladrar para animar al perro de la luz…

De pronto, éste último cogió a Látigo ¡por el mismo rabo, con el que se dice que pegaba latigazos!, y lo lanzó al charco de barro, dónde él me había lanzado segundos antes… Además, ¡le arrebató su palo!

¿Quién sería aquel valiente perro? ¡Estaba alucinado! Y yo, por supuesto, fui a darle las gracias…

-¡Guau! ¡Eso ha sido increíble! ¡Mil gracias, de veras! ¿Qui…quién eres?

-Eso lo debería decir yo, pequeño… Un perro doméstico no ha de andar por la calle a estas horas… Será mejor que te vayas a casa, hijo… – dijo el misterioso perro…

-¿Y tú? ¿Tú no tienes casa?

-No, pequeño… Mi hogar está en el cielo, entre las estrellas… No necesito una familia…

-¿Cómo dices eso? ¡Tener una familia es lo que hace que tu vida sea feliz!

-Mira, cachorrito, vete a casa, tengo otras cosas que hacer…- exclamó, muy serio.

-Pero… es que… estoy… ya sabes…

-¡Perdido!- terminó él…

-Sí…

-Muy bien, muy bien, pequeño, ¿sabes dónde vives?

-Sí, cerca de la Montaña Cerrada…

-¡La Montaña Cerrada! ¡Pues no te has alejado ni nada… Será mejor que no lo vuelvas hacer, pequeño… Está bien, tienes que cruzar esa calle, después, ¿sabes dónde está la estatua de la Gorda, la Humana “Rellena”?, ¿bien?… Pero, oye, no me mires con esa cara, hijo…

-Bueno, está bien, está bien, te acompañaré… Pero procura no volver a alejarte de tu amo… -dijo, al tiempo que pegaba un resoplido de resignación y murmuraba -¡Lo que me faltaba, hacer de niñera de un pequeñajo perro doméstico… ¡Por la pata torcida!

-¿La pata torcida? ¿Qué quiere decir eso? -me extrañé yo…

-¡Lo sabía…! Perro casero naciste, y perro casero morirás… Es una exclamación que quiere decir que algo es inaudito, o insólito, o algo que te enfada, ya sabes… ¿Nunca la has oído?

-No, nosotros siempre decimos, “Jolín”, o “Increíble”, o “¡Por Dios!”…

-¡¿Por Dios?? -me interrumpió él -¡Una “humanización” totalmente! ¡Suena horrible! Lo que los perros habrían de decir sería “¡Por el Hueso!”, o “¡Por el Señor de los Huesos!”, en todo caso…

-¿El Señor de los Huesos? -volví a extrañarme…

-Está bien, pequeño, mientras vamos a tu casa, ¿quisieras que te explique el origen de estas expresiones?…

-¡Oh, sí, por favor! ¡Cuéntamelo! ¡Qué interesante! -supliqué yo, encantado…

-De acuerdo… Verás… Hace mucho tiempo, en los comienzos del mundo, existió un perro, bueno, al principio era un lobo, que se distinguía de los demás por tener una pata torcida… Lo llamaban, el de la Pata Torcida, pero muy pocos han sabido de su nombre… Cuentan que solo lo saben su familia, y tal vez algunos privilegiados…

Mira, ¿sabes qué? ¡Tú! Te pareces mucho a él…

-¿En serio? -pregunté yo fascinado.

-Sí, en serio… Pero mucho dudo que su familia sea una rama de perros caseros…

Y así nuestro oscuro perro, le contó a Yogui la historia que ya habréis leído en el primer capítulo de mi Diario de Aventuras…

-Cuentan que el Lobo de la Pata Torcida, se enamoró, -continuaba el perro que me había salvado -y fue a ese amor, que pertenecía al Bando de los Perros, al que tomó especial cariño, y al primero que le contó su secreto… Ella siempre le comprendió, y nunca le dejó atrás… Su amada, fue quien le ayudó a vencer a los lobos…

(…)

…Y de ahí viene la adoración de los perros hacia los Huesos… Una atracción que se ha heredado desde hace milenios… Dicen que, por ese acto de benevolencia y valentía, se le nombró “Señor de los Huesos”, dios… perruno… Dicen que permanece vivo, con una escolta de animales nombrados Guardianes del Hueso, en un remoto lugar, vigilando el “Hueso Perdido”… Has de saber, que solo un descendiente del perro perdido podrá coger el Hueso, para así obtener, el Poder en el Reino Animal…

Y ese elegido descendiente, tendrá… su pata… torcida… Como tú…

-¡Guau! ¡Me ha encantado la historia, gracias!

-No es una simple historia, chaval… Es el mayor mito perruno de todos los tiempos… Es… real.

-Pero… eso quiere decir… que yo podría ser el descendiente elegido… ¿verdad?

-¿Tú? Mira, lo dudo mucho, hijo… Un perro casero como tú no creo que sea el descendiente de una Leyenda. No sabéis ir a ninguna parte sin vuestra bufanda, ropita y zapatitos, y comida especial para “perritos”… domésticos… -se burló mi salvador.

-¡Pues odio el pienso y los abrigos! -justifiqué yo.

-Eso no es suficiente… No eres un perro libre… Además, seguro que ni siquiera has conocido a tu verdadera familia…

-¿Verdadera?

-¿Acaso piensas que tus padres son dos humanos, con manos, cinco dedos en los pies, y dos malditas nalgas? ¡Espabila, hijo! No creo que pienses que ellos son también descendientes de Pata Torcida…

-Tú puedes sentir cariño hacia ellos, pero ellos te tienen como un juguete, chaval, si tu fueses su verdadero hijo no querrían que salieses a la calle para que la gente no te viese, ¡se avergonzarían de ti!

-¡Pero…! -les defendí yo…

-¿Tienen un niño?

-Bueno, sí, pero…

-¿Y de veras crees que es tu hermanito mayor…? ¡Es un humano! ¡Igual que ellos! ¡Y serían capaces de matarte para que no se estropease su peluchito! ¡Te tienen como un muñeco! ¡No como ser vivo!

-¡Eh…!

-¿No se han reído alguna vez “contigo”…?

-Bueno, pues claro que sí, pero…

-¡Pues acéptalo, chaval! ¡No se reían “contigo”! ¡Se reían “DE TI”! ¡Te tienen como juguete!

Yo te estoy llevando a casa, porque tú eres feliz así, sé que es lo que quieres, pero quizá ahora estén celebrando que te has ido, y que se librarán de ti… Para que cuando vuelvas, te castiguen y te peguen un azote en el culo…

-Eso no es cierto… -dije yo, a punto de llorar -¡Me quieren! ¡Me quieren! ¡Me quieren! ¡Me quieren y están preocupados por mí!

-Pero te castigarán… Lo sabes, ¿y crees que acaso harían eso mismo con su verdadero hijo? ¡Se tirarían a sus brazos y lo empezarían a llenar de besos y regalos!

El perro parecía furioso, y yo, a eso, no supe que contestar…

-Pero, ¡yo quiero ser alguien en la vida! ¡En ese caso quiero descubrir mis verdaderos orígenes, quiero saber si es verdad que yo soy el elegido descendiente del perro de la Pata Torcida, quiero ser algo más que un perro paticorto, que “también” tiene una pata torcida!

-Lo siento, chico, no debí portarme así contigo… Tienes mucha razón… Pero es que… odio a los humanos… Quizá eso sea porque soy un perro salvaje, un vagabundo, ¿eh, pequeño?

-Sí, tal vez… No te voy a hacer caso… -intenté consolarme yo…

-Lo siento de veras, hijo mío.

-Un momento, si eres un vagabundo, ¡tú tampoco conociste a tu familia real!

El perro contestó:

-La perdí hace tiempo, pero la conocí… Lo que quiero decir, es que yo no me he criado con un biberoncito, ni he sido un perro, ¡comprado!… Porque, como sabrás, os compran…

-¿Nos compran? Yo no recuerdo eso… Yo no recuerdo crecer en una tienda… Yo recuerdo… ¡Es verdad! ¡Lo recuerdo! Recuerdo a mi madre… Una preciosa mestiza de pequinés, dándonos de mamar a mis hermanitos y a mí… Vivíamos en un pequeño pueblecito de libertad animal… Recuerdo el día en que me cogieron en una cajita de cartón, con un jerseycillo, que ahora utilizo como manta, y conocí a mi nuevo amo…

-Tal vez no seas tan doméstico como pensaba, cachorro -dijo él, que parecía haberse emocionado con mis palabras… -¡Mira! ¡Ya hemos llegado! ¿Es acaso aquí dónde vives?

Yo miré dónde nos encontrábamos y exclamé:

-¡Sí, es aquí! ¡Muchísimas gracias! ¡De verdad! ¡Es aquí! -exclamé también emocionado…

-Pues procura que no tenga que volver a rescatarte, ¿eh, cachorro? -dijo él, divertida y cariñosamente.

-¡Ja, ja! -ladré yo -¡Descuida! ¡No lo tendrás que hacer! ¡Muchísimas gracias…!

De pronto me di cuenta de una cosa:

-¡Eh! ¡Aún no conozco tu nombre! ¡Llevamos un buen rato hablando, y aún no sé cómo te llamas!

Pero cuando me di la vuelta, el misterioso perro había desaparecido.

-¡Oh, no! ¡Horror! -exclamé yo, pues quería encontrar la aventura con él -¡Necesito encontrarle!

¡Perro amigo! ¡Eh! ¡Eh! ¿Dónde estás? ¿Hay alguien ahí?

Así que, tonto de mí, en lugar de reunirme con mi familia y regresar, cometí el mayor error de mi vida; di la vuelta y me puse a buscar al misterioso perro…

Pero, claro…

Supongo que no hará falta que os diga lo que pasó a continuación…

Volví a perderme…

Intenté regresar a dónde le había encontrado por primera vez, pero no encontré el camino, para nada…

Así que, comencé a ladrar para llamarle…

Pero esto debió de alertar a toda la población, pues de pronto, ¡una gran camioneta apareció delante de mí, y CASI ME ATROPELLA! Pero por milagro conseguí esquivarla…

Esto armó un gran alboroto pues de repente se comenzaron a oír miles de pitidos y alaridos… Pero eso no fue lo peor… De pronto, bajaron dos hombres vestidos de blanco (Pero no los pude distinguir muy bien, porque soy daltónico)… Y me intentaron atrapar… Traían una especie de red en la que me metieron dentro, y después, me lanzaron a la parte de atrás de la camioneta, en la que había, ¡una especie de jaula!

¡Estaba aterrorizado!

Cerraron la jaula, y me llevaron con ellos en la camioneta…

¿Qué era aquello? ¿Un secuestro? ¿Qué querían hacerme aquellos dos hombres? ¡Ahora estaba perdido! ¡Oh, horror, ¿por qué me había escapado?!
¡¡¡SOCORRO!!!

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