Capítulo 4: Escapar

Os presento la siguiente entrega de YOGUI: Los Orígenes de los Canes… En nuestro último capítulo Yogui había conocido a un intrigante perro lobo que le había contado muchos misterios del Mundo Perruno y se había visto atrapado en una jaula por unos terribles hombres… ¿Qué ocurrirá después…?

YOGUI:

Los Orígenes De los Canes

IV) Escapar

¡Estaba totalmente acorralado! ¡No podía escapar!

Estaba tan triste… Así que me tumbé, y me puse a pedir perdón por todo lo que había hecho mal… De pronto… La camioneta se paró… Y los mismos hombres que me habían secuestrado, abrieron la puerta de la jaula… Pero al salir, ¡me metieron en otra caja con rejas!… Y me llevaron en la mano un buen rato…

¿Qué me iban a hacer? ¿Qué querían aquellos dos hombres?

No paraba de repetirme las mismas preguntas…

De repente, se quedaron parados… Al parecer habíamos llegado. Entonces, me fijé en un cartel que había a la entrada de la vieja casa en la que parecía que iba a entrar…

Era una oscura imagen, en la que se mostraba a dos extravagantes “monigotes” de perros corriendo despavoridos… ¿Qué sería aquel lugar?

Al fin, entramos…

Al llegar, me sorprendió que estuviese lleno de gente, activa, que estaba organizando cosas…

Entonces, me sacaron de la jaula, me cogieron por el collar, y me acercaron a una extraña máquina mientras murmuraban algo de “Bien, éste es de Monte Alto, 13, 3 F”…

Ponlo en la Celda 8, ahí solo está el viejo chucho que encontramos hace años”…

Al terminar, para mi desgracia, sacaron una oxidada, y pequeñísima jaula, en la que me volvieron a meter… ¡Yo estaba desesperado!

Un hombre, me llevó en ella, hasta que llegamos a una puerta… Cogió una especie de herramienta metálica, que desconozco que sería, y abrió la puerta…

Entonces entré en un lugar aterrador…

Un lugar rodeado de desdichados animales, famélicos y esqueléticos, en pequeñísimas jaulas en las que ni siquiera cabían…

Al vernos llegar, comenzaron a soltar unos desgarradores gritos y chillidos desesperados, que el hombre hizo callar con un estruendoso silbido, que me destrozó los oídos…

¿Qué era aquello? ¿Un lugar de tortura para pobres animales inocentes? ¿O quizá nos explotarían a Pena de Trabajos Forzados? ¡¡¿Dónde me había metido?!!

Entonces el hombre abrió una puerta de una celda, me volvió a sacar de la jaula, para después meterme en esa otra celda…

Después, mientras miraba mi placa, me dijo algo de:..

“Tienes suerte, chico, vendrán a buscarte”…

¿Quién vendría a buscarme? ¿De qué hablaba ese hombre?

Y aterrorizado grité, en voz alta:

-¡¿ Dónde estoy?!

– En el lugar al que llevan a los perros que se portan mal… -de repente una voz me contestó, ¡y estaba hablando en perruno, mi lenguaje.

Me di cuenta de que había alguien detrás de mí, así que me di la vuelta…

Allí había una estropeada figura, magullada y casi sin pelo, que me daba la espalda…

Yo, muy asustado, le dije…

-Ho… hola…

-Hola -contestó con una vieja y triste voz la figura, dándose la vuelta, y dejando mostrar su canoso pelo y sus entristecidos ojos azules…

Entonces me di cuenta…

-¡Ahahaar!

-Lo que queda de él -contestó, intentando levantarse. ¡Arrastraba unas pesadas cadenas!

-Tú… -la voz me temblaba -Tú eres Ahaahar, ¿verdad? El perro que desapareció hace muchos años, cuando yo apenas había nacido… Nunca más supimos nada más de ti… ¿Estás bien? ¿Qué te ocurre? ¿Qué se ha hecho de ti, Ahahaar, en estos últimos años? -dije yo muy preocupado…

-Quedé encerrado aquí… -contestó también con temblorosa voz, al tiempo que se levantaba con dificultad, arrastrando sus cadenas de hierro.

-¿Qué es este sitio? -pregunté yo visiblemente nervioso.

-El lugar al que llevan a los perros cuando se portan mal -dijo el enfermado perro mestizo repitiendo lo mismo que la vez anterior, pero cuando ya pensaba que no iba a decir más, añadió -Atrapan a los perros que no tienen dueño o que se han escapado de su casa y vagabundean por la calle, y los encierran aquí…

-¡¿Para siempre?!

Yogui… ¿Eres tú? -fue lo único que dijo.

-Sí, soy yo, Ahahaar -dije arrimándome a él para consolarle…

-Cuánto echaba de menos compañía… Pero me apena tu desgracia… ¿Cómo has llegado a parar aquí?

-Es muy largo de explicar… Intenté atrapar a Látigo, el perro vagabundo, por un trato que hice… Pero aquí lo que me preocupa eres tú… ¿Qué te ha ocurrido? ¿Y por qué estás en este lugar?

-Me encontraron, como a todos los demás… -después, pegó un profundo suspiro.

-¿Y nadie puede escapar? ¿Ese es el duro castigo?

-Solo se logra salir de aquí, con una placa o chip identificativo…

-Pero… entonces yo podré escapar… ¿Por qué a ti no te dejaron libre?

-Solo se logra salir de aquí, con una placa o chip identificativo… -De repente, pegó un grito desgarrador -¡Ahhhhhhh! ¡Pero esos endiablados gatos! ¡Me la robaron…! -dijo casi a punto de llorar.

-¿Gatos? ¡¿Qué gatos?! -exclamé yo…

-La Banda de Gatos, la Banda Felina, vagabunda de la ciudad… Esos endemoniados me encontraron cuando me perdí, y ¡ahhh! -soltando otro desgarrador chillido-, me quitaron la placa y de una dentellada, me arrebataron el chip.

En ese momento, buscó una profunda herida que tenía en el cuello.

Ellos roban los collares, y se los enseñan a su dueño a cambio de joyas, que después coleccionan o venden… Hay veces que se quedan con los collares hechos con metales valiosos…

Los humanos les dan lo que piden, pero, cuando preguntan por su cachorro, se enteran de que lo han despeñado por un precipicio, o le han asesinado de una dentellada…

-¡Pero a ti no…! -exclamé.

-Yo conseguí escaparme… Pero no sé si obligaron a mis pobres dueños a darles dinero. -dijo mientras una lágrima se le escapaba…

-No… Nunca he oído eso…

-¡Oh, cuánto me alegro! Ellos, se preocuparon por mí…

-¡Claro que sí! ¡Pusieron carteles por toda la ciudad!

-Eso me entristece… Sé que nunca me podrán encontrarme, y no quiero hacerles desdichados… -estaba palideciendo, parecía que se iba a morir…

-¡Oh, no, Ahahaar! ¡Eso jamás!

Entonces, por primera vez, me miró fijamente a la cara, y se quedó un rato observándome…

-Te pareces mucho a Yo… -cerró los ojos.

-¿A ti? ¿A quién, Ahahaar? -le lamí y moví su cabeza.

-Al Señor de los Huesos…

– Lo sé -dije riendo- Ya me lo han dicho, es la segunda vez en un día -seguí riendo para animarle- Pero obviamente no tengo madera de héroe… Por cierto, ¿tú conoces todas esas Leyendas?

-Conocimientos Callejeros… Conocimientos Callejeros… Lo he ido aprendiendo con el paso de los años, oyendo de todas estas desdichadas criaturas -miró a las demás celdas- Pero, ahhh -otro seco grito desgarrador- daría todos esos conocimientos, por volver a reunirme con mi querida familia -otra lágrima se le resbaló por la mejilla.

-Oh, Ahahaar…

Entonces, se quedó observándome, como asustado, y contestó…:

-¡Pero no digas eso! ¡Tú, puedes ser el elegido! ¿Cómo sabes que no eres el descendiente de El Perro de la Pata Torcida… Tu parecido con éste, me asombra…

-Pero…

-Este mundo necesita una ayuda… Una Intervención “Divina”, que arregle las cosas… Y creo que ya es hora de desenterrar el misterio…

Me cogió de la pata, vió que la tenía totalmente torcida…

-Confío en ti.

-¡Oh, no, señor! -dije intentando detenerle.

-Sí…

-Por favor, señor, no soy más que un perro contrahecho que tiene una pata torcida a más no poder… Un vulgar chucho paticorto.

-¡No! ¡Nunca digas eso! -Se paró un momento, levantó sus cadenas, e intentó aproximarse a su fría agua y pedazo de pan crudo… Se echó allí. -A veces, lo que nos parecen defectos, nos hacen ser especiales… -Pegó un sorbo de agua, mientras arrastraba las cadenas… Se oía su ruido -Ser nosotros mismos… -Otro sorbo- Nunca te menosprecies por ser diferente, porque eso es lo que te hace ser tú mismo, ser único… Siempre lo has de tener en cuenta… -entonces me arrimó con una pata a su boca -Ahora escucha con atención… -Entonces pegó un mordisco al pan crudo -No me queda mucho tiempo -dijo soltando una lastimera queja, para después volver a beber, con dificultad-

Te voy a desvelar, el Enigma que he descubierto en mis tantos años callejeros… Nadie lo ha resuelto nunca… Estoy seguro de que tú, sí…

Dónde el Reino Perdido esté

Y también el Hueso verás,

Estarán los huesos,

De alguien más…

El mejor amigo del hombre,

Nunca se separará,

De lo que por la Muerte,

Separado está…

Y este viejo acertijo prueba,

El Dicho, que dice, verdad…

-¡Oh, muchísimas gracias! -dije extasiado -Lo recordaré, tenlo por seguro… Pero…, ¿no hay ninguna pista más?

-Japón -contestó Ahahaar apretándome la pata, y estrechándomela- Japón, es lo único que sé.

-¡Oh, mil gracias! En cuánto me saquen de aquí, iré en busca del Hueso, te lo prometo… -le pegué un lametón- ¡Anímate!

Ahahaar me sonrió… (A nuestra forma, Sonrisa Perruna).

Me di la vuelta esperando a que alguien me abriese la puerta de la celda… Pero entonces me di cuenta de lo que Ahahaar me había contado…

-Pero tú seguirás ahí…

Ahahaar me volvió a sonreír… Ahora al menos parecía feliz.

-No te preocupes -dijo con un cariñoso tono.

-¡Claro que me preocupo! ¡No permitiré que te quedes de nuevo ahí solo!

Y Ahahaar sonrío de nuevo…

-¡Yo mismo me ocuparé de que mis papás te adopten!

Además, estoy seguro de que te reconocerán…

Ahahaar seguía sonriendo…

-¡También puedo decirle a tus dueños que estás aquí! ¡Claro! ¡Lo que no permitiré es que te quedes en este cuchitril!

-¡No! ¡Por favor! -suplicó Ahahaar -Eso no… Mis dueños se pondrán muy tristes… Además, ha llegado mi hora…

-¿Tu hora? ¿Qué quieres decir con eso? ¡Ahahaar, por favor, no te rindas! -Dije mordiéndole suavemente una oreja, con el fin de que “despertase”…

-No merezco que nadie se preocupe por mí… Ha llegado el momento…

-¡Ahahaar, por favor!

-No, mi pequeño, lo que sí puedes hacer, es decirle a mi familia que no se preocupe, que estaré bien -y pegó un hondo suspiro.

-Mi vida está llena de errores… Pero tú eres joven, aún te queda mucho por hacer… Tú… Te deseo suerte… Tú… Tú tienes una importante… misión… que cumplir… -Entonces dejó los ojos en blanco, y aspiró su último aliento.

Había fallecido.

Me quedé atónito… Así que comencé a ladrar con todas mis fuerzas para alertar a las personas… Enseguida llegó un hombre, que dijo:

-¿Qué diablos ocurre aquí? ¡Perro, cállate! Pero… ¡¿qué?! -se había dado cuenta de que Ahahaar había muerto…

Pero dijo:

-¡Eh, venid! ¡Un perro se ha desmayado! -pero era algo mucho peor…

Enseguida acudió mucha gente a ayudarle…

Y éstos se dieron cuenta de que en verdad había muerto… Pero, los crueles humanos, humillaron a este pobre ser vivo, pues no se les ocurrió otra cosa mejor, que… ¡tirarlo a la basura!

¡Era insoportable! ¡No podía consentir eso! Pero no podía hacer nada…

Aquella noche dormí muy poco, estaba muy preocupado por lo que el fallecido Ahahaar me había dicho, y por lo que el Destino me depararía…

El desolador lugar, de noche, era aún peor, como un cementerio… Los perros aullaban a la Luna Llena, de la que veían un trocito puesto que el techo tenía un agujero, y no dejaban de llorar…

De repente, las puertas se abrieron bruscamente… Y entraron varias personas…

Una de ellas dijo:

-Éste es -señalándome, y abriendo la puerta de mi jaula, y ahora supongo que tocaría meterme en otra distinta… Pero, para mi sorpresa, me entregó a otras personas, y cuándo éstas se movieron para cogerme, el Claro de Luna les iluminó… Y vi que eran… ¡mis verdaderos dueños!

El otro hombre desconocido habló:

-El perro que le acompañaba murió esta tarde… Así que, el pobre animal, se quedó solo… De todos modos, a los perros les gusta tener “territorios” propios, por lo que seguro de que se alegró de que el otro perro no estuviese, aunque no supiese el verdadero motivo -y se rió; en ese momento me dieron ganas de saltar de los brazos de mis amos, y morderle el trasero a ese idiota… Tal vez el perro que me salvó la vida tuviese razón… ¡Los humanos nos tienen como juguetes…! El maldito humano continuó con algo que seguro que Ahahaar no me había contado para no entristecerme, pues me heló la sangre -De todos modos, al “Viejo Pulgoso” -así habían apodado los muy bandidos al pobre Ahahaar, que en Paz descanse -lo íbamos a matar mañana, con lo cual, no pasa nada… Cuántos menos perros haya vivos, mejor… De hecho, a éste lo conservamos, porque tuvo suerte… Ya era viejo y lo dejamos ahí en paz durante dos años; a los perros los solemos matar al cabo de tres meses…

-De acuerdo… ¡Muchas gracias, señor! -dijo mi padre adoptivo.

-¡Gracias a ustedes!

En cuánto el hombre se fue, su sonrisa se convirtió en furia… Me ataron con la correa bruscamente, y me llevaron a tirones hasta casa…

Yo estaba muy triste y arrepentido… Cuando llegamos a casa, todos me trataban horriblemente… Hasta su hijo, al que yo creía hermano, me pegó un coscorrón, y me gritó:

-¡Perro malo! -después se fue corriendo a jugar… Pero lo que me dolió, fue esa denominación; “PERRO”, jamás me habían llamado de esa forma…

No quise jugar con mis amigos… No tenía ganas de nada… Además, los paseos fueron mucho más cortos de lo que acostumbran, ya que me sacaban únicamente dos minutos, atado fuertemente, para que hiciese un poco de mis necesidades…

Y, claro, además, me volvieron a quitar el PC…

Pero, aún así, yo me propuse averiguar todo lo que fuese posible de mi verdadera familia…

Le “tomé prestado” a mí falsa madre el aparato que los humanos se ponen a la oreja, para oír unos ruidos muy extraños, y comunicarse con ellos, pues tenía imágenes, fotos, ahí guardadas…

Y efectivamente, encontré una foto, en la que estaba yo de cachorro, junto con mis hermanitos, y mí verdadera mami… Descubrí que había nacido en un pueblecito del concejo de Mieres llamado “Murias”… Además, conseguí conectarme a Internet por el aparato de los ruidos de mi falso padre, y eché un vistazo a los primeros artículos del blog… Allí tengo recopiladas todas mis Memorias… Desgraciadamente, nuestra memoria canina es muy corta, y olvidamos fácilmente las cosas… Mi verdadera familia, fue una de las cosas, que quedó en el olvido… ¡Todo por culpa de ELLOS! ¡Si no me querían, ¿para qué me trajeron aquí? ¿Por qué me separaron de mi verdadero hogar?

Encontré una foto, que estaba en el hall de entrada, con Carlos, papi y mami, juntos… A pesar de que yo ya estaba en su casa, no aparecía en la foto junto a ellos… Entonces me di cuenta, de que de verdad, yo estaba estorbando en sus vidas… Solo era un paticorto que ni siquiera era de su especie, era un simple… perro. Entonces, aunque parezca extraño, una lágrima me resbaló por la mejilla. Pero, a pesar de todo, yo aún les quería. Me costaba separarme de ellos, pero, no me quedaba otro remedio, si quería ser algo en la vida…

Tenía que escaparme.

Así que, se me ocurrió un plan.

Como no tenía mochilas para llevarme, decidí coger uno de mis molestos abrigos para la lluvia, para ponérmelo al revés, de forma que, la parte que tapaba la espalda, cubriese mi barriguita, dónde metería el alimento que necesitaba para llevar, un cepillito de dientes (soy un perrito limpio) y la foto de mis “queridos” dueños, a los que, a pesar de todo, jamás olvidaría.

Llegó la hora de sacar la basura. Era la hora. Mamá cogió las bolsas, y, ¡abrió la puerta!

Entonces, empecé a correr y correr, sin hacer caso a mis dueños, que gritaban que volviese desesperados. Bajé las escaleras de cuatro en cuatro escalones, como alma que lleva el diablo, y, aunque fue costoso, conseguí salir del edificio. A pesar de que tenía miedo, yo seguía corriendo, sin hacer demasiado caso al peligro.

Pero, claro…

Me perdí.

Sí, era demasiado triste, yo, el posible descendiente de nuestro dios, era un perro casero que no tenía ni idea de andar solo por las calles. Aquel misterioso perro tenía razón.

Empezaba a oscurecer. Y yo comenzaba a tener miedo. Solo veía sombras pasar, y me daba la impresión, de que alguien me estaba siguiendo.

No sabía qué hacer. ¿Quién me socorrería ahí?

Hasta que de pronto, una sombra se abalanzó sobre mí, y, más y más sombras empezaron a rodearme. ¡¿Qué había hecho?! ¡¿Dónde me había metido?!

Aquella sombra me miraba con unos centelleantes ojos… Me di cuenta, de que se estaba relamiendo.

¡¡¡Por la Pata Torcida!!!

Inicio – Capítulo 3Capítulo 5: Historias

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: