Capítulo 1: El Origen de una Increible Aventura

Ya sé que os hablé de que en estas vacaciones de Perriz Navidad no pude conversar con vosotros por culpa de mi papi, que me quitó mi PC… Pero, en realidad, hay una explicación mucho más compleja y fantástica, que no os quise revelar para no asustaros, pero ahora estoy decidido a hacerlo… Después de volver de esa gran Casa de Campo en la que celebramos que nuestro mundo había dado una vuelta completa a Lorenzo, y algo relacionado con una “Luna Azul” (¡Ojalá fuese de queso!), regresé a casa y volví a ver a mis queridos amigos, retomando así mi rutina diaria… Pero para nada iba a poder ser así, pues trabé amistad con un temible pero amistoso animal, mitad perro mitad lobo -los bipes lo llaman Canis Lupus-, y con él y una preciosa perrita llamada Lazzie, corrí una enorme aventura, en la que descubrí, nada más y nada menos, que mis verdaderos… ¡¡¡ORÍGENES!!!

Tengo tanto que contaros y creo que no puedo decirlo todo en un solo artículo… Así que he decidido recopilar esta “Historia” que viví en una especie de diario, y así crear una obra que guarde mis memorias sobre este suceso que ha marcado mi vida por siempre, y que se llama…

YOGUI: Los Orígenes de los Canes

Mi idea es publicarlo en entregas, una al final de cada mes, o cada dos meses, para así dejaros con el suspense… ¡Espero que lo disfrutéis!

No obstante, os mostraré un pequeño adelanto, para así saciar un poco vuestras ganas de leer mi Historia…

CUADRÚPEDOS A LOS QUE HE CONOCIDO:

Yogui: (Yo) Soy el protagonista, y tengo una importante misión que cumplir…

Perla: Mi verdadera mamá.

Truhán: Mi padre.

Lazzie: Nueva amiga de Yogui.

Ahahaar: Viejo conocido, que, cierto día, desapareció.

Balto: Perro aventurero con el que corrí muchísimas aventuras.

Felino, Minino, Mezquino: La peligrosa banda de gatos.

Látigo: El cruel perro vagabundo.

El Señor de Los Huesos: Sabio Rey del Mundo Perdido de los Canes.

Khan de los Canes: Noble Caballero del Reino Perdido.

Adjudant: Consejero del Rey.

Y aquí va la primera entrega, para que la espera os resulte más amena, y no os impacientéis…

YOGUI: Los Orígenes de los Canes

I) El Origen

Eran los tiempos de la Creación del Universo… Los tiempos oscuros, en los que el destino de la Tierra, aún no estaba decidido… Era una lucha constante entre el Bien y el Mal. Las bestias luchaban por el poder, los humanos eran seres salvajes, el caos reinaba por todas partes… Sólo un grupo reducido había evolucionado, este grupo estaba formado por los más grandiosos, fieles y dignos animales: Los perros.

Estos animales, habían evolucionado, gracias a los Reyes Perrunos, las mascotas de los Reyes Magos -cuya historia podréis saber muy pronto si es que aún no habéis oído hablar de ella gracias a unas investigaciones y averiguaciones que Yogui ha hecho en este mismo viaje-, desde ser lobos, hasta convertirse en canes…

Pero una gran parte de ellos, aún seguían siendo crueles lobos, y lo que es peor, tenían como aliados a unos malvados felinos, que se acabarían convirtiendo en astutos gatos. Estos lobos perseguían el más preciado tesoro de todos los tiempos, ¡uno de los “Elementos”!. Sí, de los “cinco” Elementos de los que seguro habréis oído hablar. Pero no es ni el Fuego, ni el Agua, ni la Tierra… ¡Sino que es el olvidado SEXTO Elemento! ¡Sí! ¡Hay un Sexto Elemento! ¡Es el HUESO!

Los lobos perseguían este elemento que les otorgaría el poder absoluto del Mundo Animal. Pero los Reyes Magos habían confiado a sus fieles amigos los perros la custodia de este elemento, que estaba oculto en una cueva.

Así que los lobos, que sabían del secreto, enviaron a uno de sus aliados, que tenía una pata torcida, a que se camuflase con el clan de los perros hasta que le desvelasen dónde se escondía el Sexto Elemento. Pero este lobo, que en el fondo tenía buen corazón, tomó cariño a los perros y decidió decirles la verdad. Así que idearon un plan para engañar a los lobos…

El lobo de la pata torcida regresó con los lobos y les indicó una gruta. Los lobos se encaminaron hacia allí, pero cual no sería su sorpresa, cuando al llegar, los perros les estaban esperando. Estos últimos lucharon contra los lobos y, después de haber salido de la gruta, tapiaron la entrada con una gran roca dejando a los malvados lobos allí encerrados; aunque no a todos, puesto que algunos consiguieron escapar.

El lobo de la pata torcida fue premiado por su lealtad y, los Reyes Perrunos, le convirtieron en el Señor de los Huesos. Él ordenó que también se tapiase la entrada a la cueva que contenía el “Sexto Elemento”…

Algunos aseguran que el HUESO existe, y que su poder permanece vivo. Se dice, sin embargo, que ahora solo un descendiente del lobo de la pata torcida podrá conseguir el hueso y con él el poder. Pero este descendiente también ha de tener la pata torcida…

-¡Yogui! ¡Yogui! -gritó una voz- ¡Ven aquí! Es hora de irse.

-¡Ya voy! ¡Ya voy! Estaba tomando unas copitas con estas tres chicas tan guapas- Ladró Yogui saliendo con unas gafas de sol y tres preciosas dálmatas.

-Guaus chicas, os echaré de menos.

-¡Oh, Yogui, eres tan guapo, y tan fuerte!… -dijeron las dálmatas

-¡Pchsé! ¡Eso es normal! ¡Mirad que colmillos! ¡Además, mi tátara tátara tátara tátara tátara tátara tátara tátara tátara…etcétera abuelo era un doberman del Siglo XIV, preciosas, así que…

-¡Oh, Yogui, guapetón! -dijeron las dálmatas embobadas.

Y dirigiéndose a ellas, Yogui, con una sonrisa picarona, -algo extraño puesto que los perros no podemos sonreír- les dijo:

-¡Berta, tu blancura me ilumina el rostro!

-¡Amor, tu nombre describe a la perfección que siento por ti!

-¡Gala, una parte de mi corazón siempre será tuyo!…

De repente apareció Odín, el dálmata macho, con cara de pocos amigos, así que Yogui improvisó:

-¡Odín, no he visto criaturas más hermosas en toda mi vida… !¡Felicidades!, ¡cuídalas!, ¡Adiéu!

Acto seguido se fue corriendo como alma que lleva el diablo, y, pegando un brinco, se subió a la máquina andante que los bipes llaman “coche”.

Mientras se oía murmurar a Odín entre dientes…

-¡El castrado es muy osado!

Yogui se volvió a poner las gafas de sol y aulló desde la ventanilla del coche:

-¡Ciao, pimpollo!, ¡Ciao, princesa!, ¡Hasta siempre, chérie!. Ah, ¡adiós de nuevo, Odín!.

Entonces comenzó a cantar una vieja canción de una de sus películas favoritas:

Why should I worry?
Why should I care?
I may not have a dime
But I got street savoir faire
Why should I worry?
Why should I care?
It’s just be-bopulation
And I got street savior faire
Mmm-hmm
The rhythm of the city
Boy, once you get it down
Then you can own the town
You can wear the crown!

Why should I worry?

Why should I care?…

¡Como ya he dicho, espero que hayáis disfrutado del relato! ¡Muy pronto podréis leer más!

Lametones de Yogui. XXX

CONTINUARÁ:  Inicio – Capítulo 2: Vuelta a la Normalidad… ¿o no?

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